Una píldora de insulina para evitar los pinchazos

 

Desarrollan unas cápsulas que impiden que los ácidos del estómago destruyan la insulina antes de alcanzar el torrente sanguíneo

Las cápsulas contienen parches mucoadhesivos
Las cápsulas contienen parches mucoadhesivos – Sonia Fernández

Las inyecciones, bombas y plumas de insulina serán historia dentro de unos años. Los pinchazos se cambiarán por pastillas que permitirán a los diabéticos obtener la insulina que necesitan con una cápsula fácil de tragar. La búsqueda de una solución oral ha sido larga y plagada de fracasos, pero varias compañías y centros de investigación ultiman varios prototipos. El último se ha presentado en el congreso de la Asociación Americana de Científicos Farmacéuticos en Florida y lo ha desarrollado la Universidad norteamericana de Santa Barbara. Se trata de una cápsula con un recubrimiento especial que carga en su interior con parches de un polímero mucoadhesivo cargado de insulina.

Esta pastilla tan sofisticada ha demostrado que es capaz de sobrevivir a los ataques de los ácidos del estómago y liberar su carga en el intestino. Allí, la cápsula se abre y los parches se fijan a la pared intestinal donde depositan la insulina para que pueda ser después absorbida por el torrente sanguíneo. Como otras tecnologías innovadoras, esta insulina oral está aún en proceso de estudio y aún queda tiempo de investigación para demostrar que es eficaz y segura. Pero si antes las posibilidades de desarrollar una pastilla eran de una en un millón ahora todo indica que se está cada vez más cerca de conseguirlo.

Más cómodo y eficaz

La insulina se desintegra rápidamente por la acción de los ácidos gástricos al llegar al estómago, por eso la sangre no llega a absorberla ni se puede almacenar en el hígado que es su principal lugar de acción. «Cuando se pincha, la insulina primero viaja por la circulación sanguínea periférica hasta llegar al hígado. El tratamiento oral, no solo será una fórmula más cómoda para el paciente sino que permitirá una ruta más directa y eficaz», explica, Samir Mitragotri, profesor de la Universidad de Santa Bárbara.

El prototipo de la Universidad de Santa Barbara se ha sumado a la carrera por conseguir una insulina que permita a los diabéticos olvidarse de las incómodas inyecciones.

La primera farmacéutica en comercializar una insulina que no fuera inyectable fue Pfizer. Lanzó en 2006 una producto inhalado, llamado Exhubera, que fracasó por problemas de seguridad y el riesgo para los pulmones de los pacientes. En la carrera para llevar a las farmacias una insulina que se coma está ahora el laboratorio Novo Nordisk y una compañía israelí.

 

“De nuestra revolución no queda absolutamente nada”

Sergio Ramírez (73), escritor y ex dirigente sandinista:

Fue uno de los máximos dirigentes de la revolución sandinista que triunfó en Nicaragua en 1979. Vicepresidente de Daniel Ortega entre 1985 y 1990, se trata quizás del último escritor latinoamericano de relieve –premio Casa de las Américas y José Donoso, entre muchos otros– que ejerció verdadero poder político. Hoy, retirado de esas pistas –mientras Ortega está de vuelta en el poder–, Ramírez cuenta sin reparos cómo la ética se corrompió y el proyecto fracasó. También se explaya sobre la crisis de la política chilena, los socialismos del siglo XXI y la barbarie de las pandillas y narcos que tienen en jaque a Centroamérica.

Sergio-Ramírez-foto-alejandro-olivares
La mitad de los nicaragüenses declara en las encuestas que quisiera irse del país. La mitad, también, vive con menos de dos dólares al día. “Allá el problema es sobrevivir diariamente”, explica Ramírez, algo sorprendido por la “crisis” de la que oye hablar en Chile. Al realizarse esta entrevista lleva una semana en el país –participó en la Cátedra Abierta UDP en homenaje a Roberto Bolaño– y mientras acá todo son quejas de incertidumbre y desgobierno, en El Salvador van cien homicidios en tres días. Ramírez explica la tormenta perfecta que hoy devasta a buena parte de su región:

–La gran desgracia de Centroamérica ha sido su ubicación geográfica, ser el puente natural del tráfico de drogas del sur hacia el norte. Se trata de países muy pobres, con economías muy pequeñas, policías mal pagadas, sistemas judiciales mediocres… estaban todas las condiciones para que el narcotráfico sentara allí sus reales. Y la otra desgracia es que esta población muy pobre, desempleada, aspira al gran mercado de trabajo de los Estados Unidos, para lo cual sólo tiene que atravesar México. Ahí se arma otro gran drama, con las redes de coyotes en manos de los zetas que han desarrollado una nueva industria: la de secuestrar pobres para cobrarles rescates a las familias. Eso nunca se había visto. Un campesino sale desde Yoro, en lo profundo de las montañas de Honduras, luego de hipotecar su casa para pagarles 10 mil dólares a los coyotes, que es lo que vale llegar a salvo hasta Arizona o Tejas; pero en el camino están los zetas, lo secuestran, a través de su celular llaman a la familia y le exigen depositar por money order una cantidad de miedo, 4 o 5 mil dólares. La gente tiene que salir a conseguir esos dólares, y a lo mejor cuando llegue el dinero su deudo ya está muerto. Ese drama se está repitiendo todos los días. Porque secuestrar pobres, multiplicado por mil, es un negocio inmenso para estas bandas. Y los zetas ya bajaron a Guatemala, El Salvador, Honduras…

Donde ya están los maras.
–Claro, el gran problema de las pandillas, que son muy violentas, con su propios “códigos éticos”. Obligan a pagarles peaje a los conductores de autobuses, o a los dueños de las líneas, y si no les pagan, queman las unidades con los pasajeros adentro. La ciudad de San Salvador está en manos de ellos y ya hay una especie de guerra civil, son treinta mil maras. En Honduras decapitan, asesinan periodistas –tanto los maras como los narcos–, sobre todo a periodistas de radios comunales, o de estaciones de TV provinciales, que son los que se atreven a decir cosas que no les gustan. Este año ya van 12 periodistas muertos, sólo en Honduras.

¿Qué tan expuesta está Nicaragua a seguir el mismo camino?
–¡Muy expuesta! Se dice “bueno, Nicaragua no es así”. Pero por cuánto tiempo. Las condiciones económicas y sociales son las mismas. Quizás en Nicaragua la policía ha aplicado una política de prevención mucho más efectiva, y también ha sido una entidad de mayor prestigio entre la población. Y quizás la gente sigue rechazando la violencia después de la guerra civil de los 80, que dejó miles de muertos y desplazados. Pero es una línea de contención muy frágil, se puede romper en cualquier momento.

LA DEBACLE DE UNA REVOLUCIÓN
En 1990, después de gobernar Nicaragua por diez años, el Frente Sandinista perdió las elecciones y se hundió en la corrupción. Ramírez se mantuvo hasta 1995 como jefe de la bancada parlamentaria, hasta que la situación lo superó y renunció al partido. Al año siguiente dio un paso más allá: se retiró de la política. Las razones que lo obligaron a tomar ese camino son las mismas que hoy le hacen tomarse con calma la “crisis ética” que vivimos en Chile.

–Uno siempre tiende a comparar. Y lo que aquí para mucha gente son problemas graves de ciudadanía, a mí me parece que son bagatelas, ¿no? Esta es una sociedad institucional, acá las instituciones funcionan. Allá no funcionan, están bajo un solo puño. Eso marca un abismo de distancia.

Pero es un hecho que hay una gran crisis de confianza en las instituciones, y en la clase dirigente completa.
–Vamos a ver. En primer lugar, la señora Bachelet está todavía en la mitad de su período. No sé lo que vaya a pasar, pero por la señora Kirchner en la mitad de su período nadie daba un centavo, y ahora se ha fortalecido, habla con mucha más seguridad e incluso es probable que ponga a su sucesor. Alguien me decía que doña Michelle con la señora Rousseff, hace unos pocos años, seguramente se decían “¡pobre Cristina!”, y mira cómo han cambiado los papeles. En Chile todavía faltan unas elecciones de medio período [las municipales], falta mucha caña que moler. Y en segundo lugar, vuelvo a lo del colchón institucional. Es decir, cómo se ventilan estos asuntos de crisis ética en una sociedad democrática como la chilena. Hay total libertad de expresión, las instituciones tienen sus roles delimitados, los malos gobernantes se pueden cambiar. Cuando están todas esas oportunidades abiertas, los asuntos de sustancia son corregibles. Claro, una sociedad democrática también es un coladero, muchas cosas se escapan por los huecos. Pero para mí no hay otro instrumento que pueda sustituirla.

Cuentas que el desastre ético del sandinismo se produjo entre febrero y mayo de 1990, cuando ustedes dejan el poder. Es justo la fecha en que, para muchos, empezó a incubarse la crisis ética en las filas democráticas chilenas, pero por la razón contraria: su llegada al poder. ¿Por qué en el caso de ustedes la decadencia aflora cuando salen del poder y no cuando llegan?
–Es que son dos momentos muy diferentes. La revolución en Nicaragua se construye sobre un parapeto profundamente ético. Quienes hacen la revolución son los sobrevivientes de aquellos que, por su convicción ética, fueron a entregar su vida. Es decir, quienes llegan a la Plaza el 19 de julio de 1979 son sobrevivientes de los mejores. Se establece una especie de reinado ético de los muertos: no podemos violentar los motivos por los cuales ellos lucharon, tenemos una responsabilidad con ellos. Los muertos eran gente incapaz de echarse a la bolsa un centavo ajeno, de luchar por un poder personal. Luchaban por un nuevo país contra el somocismo, que era el súmmum de la falta de ética. Entonces se llega al poder con un conjunto de valores inviolables.

Pero…
–Pero después de diez años, viene la derrota electoral. Y el Frente Sandinista no está preparado para dejar el poder, porque la revolución está pensada como un poder para siempre. Esas elecciones de 1990 sólo iban a legitimar ese poder, pero perderlo, o cederlo al poder burgués, como se decía entonces, era impensable. Y ocurre. Entonces se recurre a una especie de “justificación ética”, por llamarla así: nosotros nos vamos a la llanura y no tenemos un peso, pero el partido no puede quedar sin recursos si quiere luchar para regresar al poder, entonces hay que darle recursos del Estado. Y en esa operación, que dura tres meses, hay mucha gente que recibe esos recursos en nombre del partido, que no los puede recibir como tal. Y claro, muchos no los devuelven. Ahí comienza la gran debacle.

Esos tres meses fueron una corrida…
–Una debacle total. Y luego viene una segunda etapa, también fatal, durante el gobierno de doña Violeta Chamorro (1990-1997), que trabajando con el FMI y las nuevas premisas comienza a privatizar todo lo que el Estado había nacionalizado. Entonces se negocia. El Frente, que sigue siendo un partido fuerte, condiciona su aprobación a que los sindicatos reciban una parte de los bienes privatizados, y otra vez entendamos por “sindicatos” gente que se va aprovechando. Esta transferencia de recursos también es muy grande. Ahí el partido ya ha fracasado, la ética del 79 está hecha trizas. Porque también en el mundo, no sólo en Nicaragua, ha habido un cambio muy profundo: a comienzos de los 90, el sueño del interés colectivo se deshace. Aquello de “dar de sí antes de pensar en sí”, se cambia por “ahora voy a pensar en mí”. Y mucha gente hace la reflexión de decir “bueno, yo entregué mi vida a esta revolución, pero ahora tengo mis hijos, tengo que pensar en mi familia”. Se trastoca el enfoque: ahora debo sobrevivir en una sociedad que me va a ser hostil. ¿Y cómo me defiendo de esas hostilidades? Teniendo recursos personales.

¿Y en qué estabas tú como disidente?
–Nosotros –porque nunca estuve solo en la disidencia– dimos esa lucha dentro del Frente: hay que volver sobre estos pasos, castigar a los que se están quedando con dinero. Pero ya era imposible. Estábamos en franca minoría frente a gente que ya se había comprometido con intereses materiales muy concretos. Y al mismo tiempo, entra en crisis la idea de que éramos el partido de vanguardia y que la vanguardia piensa mejor que la masa, que nosotros sabemos adonde vamos y hay que conducir a la masa hacia ese destino… Todo ese esquema se rompe: ahora el Frente está en la oposición, y un partido de vanguardia no está preparado para la lucha democrática, debe tomar el poder. Entonces otra vez las opiniones se dividen, entre los que creen que hay que desestabilizar a ese gobierno burgués y los que, acusados de burgueses, pensábamos que la única manera de reconquistar a la mayoría era convenciéndola, aprender a luchar por los votos. Y que luchar por los votos implicaba convertirnos en un partido democrático, que elija a sus dirigentes, que tenga un comité de ética, controles internos, etc. Y ahí viene la gran lucha en que nos sacan por la borda.

CAUDILLOS E INSTITUCIONES
En los años 2000, la necesidad de tener una democracia con buenas instituciones entró en tensión con que el neoliberalismo de los 90 parecía haberle impuesto límites a lo “posible” dentro de la democracia. ¿Cómo ves los proyectos alternativos de Argentina, Venezuela, Bolivia?
–No son proyectos homogéneos y hay que intentar ver lo bueno y lo malo de cada uno. Pero parece haber un denominador común: el caudillismo. Un caudillismo que viene de la raíz misma de la sociedad patriarcal: el viejo líder único, irreemplazable, del siglo XIX. Cuando sustituimos el régimen colonial por las repúblicas, todo lo bueno se queda en el papel de las Constituciones, pero lo que queda en la realidad es el caudillo. El que no se baja del caballo ni de la silla presidencial, y al que todos debemos sostener porque si él no está allí, a las nuevas repúblicas se las va a llevar Candanga. Esa idea no ha cambiado: Chávez, Morales, es la misma figura. Sus proyectos de cambio social a mí me parecían justos. Nacionalizar los recursos naturales, o renegociar la participación de las compañías extranjeras, siempre me pareció justo. La prueba está en que el Estado boliviano percibe muchísimos más recursos ahora que antes. No dudo en absoluto que Chávez quisiera crear una sociedad donde el ingreso se repartiera mejor. Por eso luchamos en los años 70. Pero el veto político me parece completamente obsoleto. Y si tomamos el caso de Venezuela, pues ha llevado al desastre. Porque esa película yo ya la vi.

¿Te reconoces en los chavistas militantes que tienen la edad que tú tenías cuando entrabas a la plaza de Managua el 79?
–Sí, hay un símil, pero con diferencias: en Venezuela nadie entró a la plaza. Creo que el defecto de fábrica del proceso venezolano es que viene de un intento de golpe de Estado. Nosotros veníamos de una revolución: derrocar a una dictadura por las armas, hacer tabla rasa y querer construir un mundo nuevo. En Venezuela el descrédito de las instituciones llegó a tal punto, que se pusieron todas las esperanzas en alguien porque había fracasado en un golpe de Estado y dijo que la próxima vez no iba a fracasar… Te puedo contar que durante el primer período de Chávez, me tocó ir a una reunión en Maracaibo a hablar sobre cuestiones políticas. Eran grupos de la oposición, pero en el mismo centro de convenciones estaban también los chavistas. Y yo veía el fervor de esa gente toda uniformada, con sus camisas rojas, sus boinas imitando a Chávez, sus pañuelos… Y ahí sí podía comparar con el comienzo de la revolución, era el mismo sentimiento. Esta gente creía en lo que estaba haciendo. Creía que Chávez era la salvación, que había que uniformarse como él…. Ahí es cuando digo que esa película yo ya la vi. Y esas películas no terminan bien.

Y si no terminan bien, ¿no hay que empezarlas?
–Hay que empezarlas siempre, pero también hay que hacerse esta pregunta: ¿se puede empezar una cosa que no va a terminar por la vía democrática? ¿Se puede callar a los demás y hacer trampa para quedarme yo, porque creo tener la razón y que los demás son una derecha reaccionaria; que el otro es parte del problema que debemos solucionar, quitándole las oportunidades antes que dándoselas? Porque ese es más o menos el pensamiento iluminado del socialismo del siglo XXI. Todavía le escucho decir a Maduro, en uno de sus últimos discursos, “yo sé que ustedes están pidiendo que yo les suelte las manos, que acabemos esto de una vez”, como quien dice “vamos a barrer con la derecha, vamos a tomarnos las empresas que quedan y ahí sí va a venir el verdadero socialismo”. Es un discurso parecido al que se usaba en Nicaragua en los años 80. Recuerdo que yo llegaba a alguna región y el secretario político local me decía: “hay que soltarle las manos a la gente”. O sea, dejarla ser más violenta contra la burguesía. Pero en realidad, el secretario político me quería decir “suélteme las manos a mí”, porque las masas eran un instrumento suyo. La gente no estaba pensando “hay que ir a sacar de su casa a esta familia burguesa y quitársela”. Eso lo estaba pensando él, porque tenía un esquema ideológico en su cabeza. La gente es más consecuente.

¿Todavía existe en Nicaragua ese mesianismo ideológico?
–Pero es un empaque, quedó vacío. Si tú oyes hablar a Daniel Ortega, es el mismo discurso de los 80, pero habla del imperialismo yanqui agresor y por otro lado su mujer felicita a Obama por enviar a Kerry a Cuba: “sí, ese es el camino”… Y cuando habla contra la burguesía es todavía peor de desnudo el discurso, porque su entendimiento con el capital privado es total. Nicaragua es el modelo paradisíaco de la empresa privada. Los bancos no pagan impuestos, tienen las tasas de ganancias más altas de Centroamérica. Tú puedes importar un helicóptero o un yate de lujo sin pagar impuestos. Los impuestos al capital son los más bajos de Centroamérica. Entonces, ¿qué le importa a un empresario oír a Daniel Ortega hablar mal de la burguesía? Saben que él utiliza ese discurso de izquierda para poder hacer una política de derecha y así consolidar su propio poder político. De paso, va recortando las libertades públicas y los derechos democráticos de la gente, cosa que a la empresa privada no le preocupa, más bien respalda esas medidas a cambio de tener estabilidad para hacer sus negocios. Un poco lo que pasaba aquí durante la dictadura, ¿no?

Termina existiendo un capitalismo autoritario.
–Sí, eso es lo que existe.

En un artículo reciente dices: “No es cierto que estemos condenados a la repetición del fracaso”.
–Es que tiene que haber una salida. Sería muy triste pensar que la historia de Nicaragua siempre va a ser que se lucha para derrocar a una dictadura, y al cabo de cierto tiempo retoña otro régimen autoritario y un líder que se reelige porque es la salvación eterna del país. Que siempre vamos a tener un Somoza o un Ortega, o un Zelaya, que fue el caudillo de la revolución liberal (1893). Es el perro mordiéndose la cola… Pero la salida a eso está condicionada a construir una fortaleza institucional, además de mejores niveles de educación. Sin eso, no puedes. Si tú ves la historia moderna de América Latina, aquí en Chile hubo una dictadura atroz, en Uruguay hubo otra, pero las instituciones existían. Y una vez que la dictadura pasa, las instituciones se rehacen. En Nicaragua no hay instituciones que rehacer, porque nunca pudieron formarse. Por eso es tan fácil establecer un régimen autoritario. En Chile o Uruguay sería inaudito que un presidente les dé órdenes a los jueces sobre cómo deben fallar. Allá es muy común.

Pero es difícil hacer una revolución en el nombre de las instituciones. ¿Desde dónde se parte?
–La única manera de arrancar es que exista una voluntad política, concertada, de que ahora todos vamos a respetar las instituciones, partiendo por los fallos de los jueces y los resultados electorales. Pero si tú llegas al poder y dices: “yo quito a estos jueces porque no me hacen caso, y compro a estos magistrados de la Corte Suprema con reformas constitucionales que les aseguren ser vitalicios siempre que me obedezcan”, entonces vas a corromper el sistema, que es mucho más fácil que edificarlo. Edificar un sistema institucional es piedra a piedra, agregando lentamente capas de cultura política.

Cuando estuviste en el poder, ¿tenías conciencia de esto?
–Sí, pero del otro lado también estaba la idea de la revolución. Y no te olvides que la revolución era entendida como generadora de derecho: lo que la revolución necesite o diga porque nuestra meta es la transformación social y económica del país. Pero sin instituciones fuertes, esa transformación nunca va a ser real.

¿Cómo crees que se va a resolver el proceso en Cuba?
–Pues mira, quienes manejan Cuba tienen todos más de 80 años. Hay un relevo biológico inminente, y por mucho que una generación de dirigentes deje todo preparado, el futuro no se controla desde la muerte. El futuro mejor calculado fracasa en los intereses de una nueva generación. Por lo tanto creo que en Cuba habrá cambios muy importantes que todavía no podemos prever. Algunos se preguntan si se va instalar un capitalismo de partido, como en China o en Vietnam. Pero China y Vietnam son países muy jerárquicos desde hace miles de años, en América Latina no somos así. Yo creo que habrá sorpresas.

¿Podrán sobrevivir al capitalismo los legados sociales de la revolución?
–Por lo menos a eso aspiro. La población cubana es una de las más creativas y mejor preparadas de América Latina, y me parece que ese potencial creador se puede expresar muy bien en la iniciativa empresarial de los pequeños, de los medianos, para transformar la sociedad sin someterse otra vez a intereses extranjeros ni abandonar las conquistas sociales que Cuba ha podido adelantar.

Y de la revolución que hicieron ustedes, ¿queda algo?
–No queda absolutamente nada. Una idea lejana, nostálgica, de lo que la revolución fue. Los índices educativos están por el suelo, la salud también, la reforma agraria se revirtió. No queda nada.

UNA SARA INSUMISA
Tu última novela, “Sara” (Alfaguara, 2015), se mete en la cabeza del personaje bíblico del mismo nombre, la mujer sumisa del profeta Abraham. ¿Qué te llevó a Sara?
–Creo que proviene de una inquietud de entender al otro, y en este caso a la mujer. Yo había iniciado esta excursión en otra novela, “La fugitiva”, que es la historia de una mujer costarricence muy joven cuya maldición fue ser muy bella y, sobre todo, ser inteligente. Rompió con los esquemas conservadores de la sociedad de Costa Rica los años 30 y terminó muriendo en el exilio social en México, pobre, desgraciada. Creo que por debajo de su escenografía urbana, América Latina sigue siendo muy rural, en cuanto al dominio patriarcal. Y ahora me encontré con Sara, que en el Antiguo Testamento es una mujer al margen, que casi no habla, y que la exégesis de la Biblia consagra como la mujer obediente. “Sumisa como Sara”, se dice. Pero si relees el texto, no hay tal sumisión. Es una mujer que toma la iniciativa. Como cuando le pide a Agar que se meta en la cama de su marido para que pueda tener un hijo, un acto de bondad que después transforma en venganza cuando la echa de la casa. Una mujer así no puede haber dejado que su hijo Isaac fuera llevado al matadero sin protestar, sin decir algo. A través de esas actitudes trato se acercarme a ella, de oírla hablar, pensar…
A Dios le llama “el Mago”.
–Sí. Porque ahí en el desierto se está creando el Dios único del monoteísmo. Y es un Dios celoso, malhumorado, que no tiene nombre y además prohíbe que le vean el rostro, entonces ella le pone “el Mago”. Y cuando llegan los ángeles enviados de Dios a decirle a Abraham que Sara va a tener un hijo, ella se ríe, porque es estéril. Y estos muchachos se enojan muchísimo, pero no se lo dicen a ella sino a su marido: “Abraham, por qué se ríe Sara, ¿no sabe que para el Señor nada es imposible?”. Entonces ella se asusta y dice “yo no me he reído”. Ahí por primera vez se dirigen a ella para decirle “sí, te has reído, te escuchamos”. Esa prohibición de la risa por parte de un Dios altanero es para reflexionar. Y los enviados sólo andan de paso, porque en realidad van a destruir Sodoma y Gomorra, dos ciudades enteras. Esa atrocidad del texto, que se toma tan natural… Como cuando Abraham, en Egipto, hace pasar a Sara por su hermana y se la entrega al faraón a cambio de riquezas. ¡Y eso en el texto ni siquera amerita un comentario!

UNA SARA INSUMISA
Tu última novela, “Sara” (Alfaguara, 2015), se mete en la cabeza del personaje bíblico del mismo nombre, la mujer sumisa del profeta Abraham. ¿Qué te llevó a Sara?
–Creo que proviene de una inquietud de entender al otro, y en este caso a la mujer. Yo había iniciado esta excursión en otra novela, “La fugitiva”, que es la historia de una mujer costarricence muy joven cuya maldición fue ser muy bella y, sobre todo, ser inteligente. Rompió con los esquemas conservadores de la sociedad de Costa Rica los años 30 y terminó muriendo en el exilio social en México, pobre, desgraciada. Creo que por debajo de su escenografía urbana, América Latina sigue siendo muy rural, en cuanto al dominio patriarcal. Y ahora me encontré con Sara, que en el Antiguo Testamento es una mujer al margen, que casi no habla, y que la exégesis de la Biblia consagra como la mujer obediente. “Sumisa como Sara”, se dice. Pero si relees el texto, no hay tal sumisión. Es una mujer que toma la iniciativa. Como cuando le pide a Agar que se meta en la cama de su marido para que pueda tener un hijo, un acto de bondad que después transforma en venganza cuando la echa de la casa. Una mujer así no puede haber dejado que su hijo Isaac fuera llevado al matadero sin protestar, sin decir algo. A través de esas actitudes trato se acercarme a ella, de oírla hablar, pensar…

A Dios le llama “el Mago”.
–Sí. Porque ahí en el desierto se está creando el Dios único del monoteísmo. Y es un Dios celoso, malhumorado, que no tiene nombre y además prohíbe que le vean el rostro, entonces ella le pone “el Mago”. Y cuando llegan los ángeles enviados de Dios a decirle a Abraham que Sara va a tener un hijo, ella se ríe, porque es estéril. Y estos muchachos se enojan muchísimo, pero no se lo dicen a ella sino a su marido: “Abraham, por qué se ríe Sara, ¿no sabe que para el Señor nada es imposible?”. Entonces ella se asusta y dice “yo no me he reído”. Ahí por primera vez se dirigen a ella para decirle “sí, te has reído, te escuchamos”. Esa prohibición de la risa por parte de un Dios altanero es para reflexionar. Y los enviados sólo andan de paso, porque en realidad van a destruir Sodoma y Gomorra, dos ciudades enteras. Esa atrocidad del texto, que se toma tan natural… Como cuando Abraham, en Egipto, hace pasar a Sara por su hermana y se la entrega al faraón a cambio de riquezas. ¡Y eso en el texto ni siquera amerita un comentario!

La maldición de Leonardo DiCaprio

La maldición de Leonardo DiCaprio

Pocos actores han conseguido tantos halagos y tan poco reconocimiento por parte de la Academia. Con «El renacido» lucha por obtener por fin el Oscar que se le resiste

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBI

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBIJames «Whitey» Bulge tras su arresto en 2011

Johnny Depp da vida a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir

Hasta poco antes de la muerte del primer y todopoderoso director del FBI, John Edgar Hoover, la prioridad de la agencia federal fueron los atracadores de bancos y los sospechosos de ser espías comunistas, pero los tiempos cambian y el crimen organizado adquirió un inconfundible acento italiano. La guerra contra la Cosa Nostra centró las prioridades del FBI hasta un punto obsesivo. Algunos agentes, sin embargo, entendieron el mensaje como un todo vale con tal de capturar a los mafiosos. John J. Connolly y John Morris, protagonistas de la historia más impía de la agencia, se aliaron con los cabecillas de la mafia irlandesa en una guerra sucia contra los italianos instalados en Boston.

Un irreconocible Johnny Depp da vida en la película «Black Mass» a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso y mitificado de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir y una baraja interminable de cartas similares al clásico «quedas libre de la cárcel» del monopoly.

«Sin confidentes no somos nadie», afirmó Clarence M. Kelley tras ser nombrado nuevo director del FBI a raíz del fallecimiento de Hoover en 1972. El problema es que el precario manual para el trato con los confidentes no resolvía los problemas más básicos: ¿Cuánto debe tolerar un agente para obtener información? ¿Es aceptable negociar con un delincuente a cambio de información sobre otro delincuente? En estas y otras muchas preguntas, la directriz era clara: si es italiano se permite casi todo. O al menos eso entendió John J. Connolly, uno de los agentes más jóvenes de la prestigiosa Brigada Nacional contra el Crimen Organizado, que a su regreso en 1975 a la ciudad donde se había criado se encargó de contactar con el héroe de su infancia, Bulger, y su socio y contacto con la Costra Nostra, Stephen J. Flemmi «El fusilero», para ofrecerles un trato entonces bendecido por la dirección del FBI.

Bulger, el héroe irlandés convertido en un soplón

La propuesta de Connolly era sencillamente que, a cambio de informar sobre la Cosa Nostra, el FBI miraría a otro lado en los negocios sucios de Bulger, que se centraban en las apuestas ilegales y en el cobro de préstamos. «De acuerdo. Si ellos juegan a las damas, nosotros jugaremos al ajedrez», contestó el mafioso irlandés a la oferta del FBI, que había convencido a Bulger de que la Cosa Nostra no iba a tardar en borrar a su banda del mapa si no aceptaban la «alianza». No obstante, el acuerdo era en su origen completamente legal y prometía ser infranqueable: nadie en la ciudad podría pensar que el legendario irlandés fuera un soplón. Fue la relación viciada entre Connolly y su héroe de la infancia, Bulger, bajo cuya leyenda criminal se había criado en las calles de Southie, un antiguo barrio obrero de orígenes irlandeses, lo que complicó todo. Solo cinco semanas después de que se abriera el informe de confidente, el irlandés se anotó su primer asesinato como confidente sin que a Connolly pareciera importarle.

Este doble juego de Bulger fue posible debido en parte a que en el folklore local era una suerte de Robin Hood dedicado a la protección de las esencias de Southie y a terminar con los matones de poca monta. Un criminal a la vieja usanza que impedía el paso de las nuevas corrientes y del nocivo narcotráfico. Pero nada más lejos de la realidad: Bulger bebía poco y no tomaba drogas, despreciaba a los bebedores y odiaba a los drogadictos, lo cual no significaba que fuera hostil a su venta. El soplón irlandés permitía el tráfico de cocaína y heroína en su viejo barrio a cambio de una comisión por parte de los camellos. Su imagen de «un bueno entre los malos», no en vano, se veía flanqueada por la notoria carrera política de uno de los hermanos de Bulger (el otro era juez auxiliar en Boston), Billy Bulger, que en 1978 se convirtió en presidente del Senado de Massachusetts y tuvo una larga carrera política en paralelo a la senda criminal de Whitey. Las líneas familiares se mezclaban así de forma difusa con las profesionales y las criminales. De hecho, Connolly, Whitey Bulger y Billy Bulger se habían criado en el mismo edificio de protección oficial en Southie.

La relación entre el FBI y Bulger retrató el mal funcionamiento del programa de confidentes e implicó a numerosos agentes que habían mirado a otro lado o directamente habían asumido que ese era el precio de obtener información de primera; sin embargo, los principales responsables de que tuviera lugar algo así fueron ante todo Connolly y su supervisor John Morris, que terminaron infringiendo una larga lista de delitos con tal de proteger a los que pasaron a ser sus amigos. De este modo, Connolly se dedicó durante casi 20 años a boicotear todas las investigaciones abiertas contra la banda de Bulger y a inflar de elogios los informes sobre las bondades del gánster irlandés, así como a achacarle las informaciones de otros confidentes. El objetivo final era demostrar, como defendió Connolly durante años, que Whitey era uno de los mejores confidentes en la historia del FBI.

Su nivel, no en vano, era el de «confidente de máximo nivel», es decir, un infiltrado que suministra información secreta de primera mano sobre figuras destacadas del crimen organizado. Pero, ¿realmente era un confidente valioso?, ¿tenía información de primera mano?

Asedio a la Cosa Nostra

Como recoge la obra periodística «Black Mass» de Dick Lehr y Gerard O’Neill, la mayor parte de la información suministrada por Bulger contra la Cosa Nostra en realidad pertenecía a Flemmi -de padre italiano-, aunque Connolly se la atribuía una y otra vez al irlandés. Además, la mayor parte de los miembros de la Cosa Nostra a los que Bulger delató supusieron, una vez desaparecidos, una gran oportunidad de negocio para precisamente su banda. Como ejemplo de ello, en los años ochenta, Bulger facilitó los datos necesarios para que el FBI pudiera introducir una grabadora dentro del local de los hermanos Angiulo, los representantes de la Cosa Nostra en Boston, y así incriminarlos. La operación resultó un éxito y Connolly dejó a todos claro que las escuchas habían sido posibles gracias a Bulger y Frammi. Lo cual era cierto, pero también lo era que el irlandés tenía un gran número de negocios compartidos con los italianos y una gran deuda económica contraída con los hermanos Angiulo, que ya jamás cobrarían.

Una y otra vez las investigaciones de la Policía local y la Policía estatal fracasaron en su persecución a la banda irlandesa, que no dejaba de crecer en volumen de negocio. Bulger y Flemmi siempre estaban un paso por delante de la Policía y sabían con antelación si estaban siendo grabados. Los agentes del FBI Connolly y Morris se encargaban de informarlos al milímetro, lo cual a esas alturas hacían por simple amistad. La primera de las muchas cenas que celebraría los cuatro juntos en los siguientes años, donde algún otro agente del FBI también participó, tuvo lugar en la zona de Lexington en 1979. El intercambio de regalos, en muchos casos dinero, se convirtió en algo habitual en el grupo y, desde que Whitey se trasladó a una vivienda contigua a la de su hermano en South Boston, contaron con la presencia esporádica del presidente del Senado.

Ciertamente, la Cosa Nostra no levantó cabeza en Boston y sufrió tres durísimos golpes policiales casi consecutivos entre 1975 y 1989, pero el precio pagado por el viciado FBI fue demasiado alto. Bulger actuó y asesinó a sus anchas hasta alzarse como el miembro del hampa más importante de la ciudad, para desesperación de la DEA y otros grupos policías ignorantes del pacto secreto. No fue hasta mediados de 1995 -cuando ya Morris y Connolly no se encontraban en la primera línea del FBI– que pudieron sacar adelante un caso contra los criminales irlandeses en relación a la brigada de corredores de apuesta a los que cobraban una comisión. Mientras Bulger escapaba a tiempo para esconderse durante 15 años junto a una de sus novias en Santa Mónica, California, Frammi fue arrestado y, al contrario del resto de ocasiones, ni Morris ni Connolly acudieron esta vez en su auxilio.

A esas alturas Morris, cuyo matrimonio se había desmoronado y su adicción al vino incrementado, tenía problemas más grandes en los que pensar. Durante el juicio contra Flemmi y otros miembros de la banda a raíz de la trama de los corredores de apuestas, surgió la cuestión de si el dúo criminal había sido o no confidente del FBI, lo que paradójicamente podía anular algunas pruebas contra ellos pero amenazaba con proclamarlos unos chivatos a ojos de todo Boston. Un desquiciado Morris sin nada que perder se encargó de sacar a la luz todo, incluidas las irregularidades y la actuación impía del FBI, cuando testificó en el proceso. Morris insistió además en que el FBI no podía garantizar inmunidad a nadie por crímenes tan graves y, por tanto, su acuerdo con los dos mafiosos era un desastroso asunto particular.

El agente federal había cantado haciendo oídos sordos a las advertencias de Bulger, quien en octubre de 1995 llamó a la oficina de Morris en Virgina con un mensaje claro: «Si yo voy a la cárcel, tú también irás. Pienso llevarte conmigo hijo de puta». Esa misma noche, Morris sufrió un infarto, pese a lo cual sobrevivió para ver como el FBI de Boston quedaba arrasado por el mayor escándalo en la historia de la agencia federal.

Finalmente, Bulger -que fue arrestado en 2011- y Flemmi fueron acusados de participar en 21 asesinatos, once de ellos perpetrados mientras eran confidentes del FBI, a causa de lo cual, y de otros muchos delitos, pasarán probablemente el resto de su vida en la cárcel. Por su parte, Connolly y Morris fueron acusados, entre otros crímenes, de aceptar sobornos, de obstrucción a la justicia, de revelar de forma ilegal información confidencial y de falsificar informes oficiales. En 2008, el exagente del FBI Connolly, asimismo, fue condenado a cuarenta años de prisión por homicidio impremeditado en el asesinato de Callahan, un contable de Boston que se había interpuesto en el camino de los cuatro amigos criminales.

Inesita La Terrible y su fórmula para terminar en la cárcel

Imágenes que González Arraga colgó en sus redes sociales antes de caer presa. Fotos: Instagram/inesitafotos.

ARMANDO INVESTIGA

Mujer de ciencia, estudiosa, ensimismada, quizás inhábil para relacionarse con el mundo tangible, a Inés González le dio por decir sus verdades en las redes sociales. Como tuitera y con el apodo de ‘La Terrible’ se hizo casi famosa. Pero solo alcanzó el estatus de causa célebre de la libertad de expresión tras caer, hace nueve meses, en los calabozos de la policía política venezolana. Más que con los trinos por los que la imputaron, se buscó su destino con los conflictos virtuales que sostuvo con poderosas figuras de la televisión del Estado.

ALICIA HERNÁNDEZ

“¡Me estás llevando secuestrada! ¿Cómo es posible que mi padre me entregue así al Sebin?”, gritaba Inés metida en el carro.

De nada valían las explicaciones de su padre. De nada valía decirle que tenía que cumplir con esa formalidad y acudir ante la autoridad para responder unas preguntas. Tampoco que le dijera que era mucho mejor que la llevara él, en su carro, sin esposas.

Algunos de los últimos tweets en el TimeLine de la cuenta de Twitter de @inesitaterrible.

Así se lo habían sugerido la noche anterior los agentes del Sebin (siglas del Servicio Bolivariano de Inteligencia, policía política del Estado venezolano), que fueron a su casa a llevar la boleta de citación. Estuvieron en la puerta un buen rato, esperando a que el padre llegara. Él, José Luis González, tuvo que cerrar el negocio de artesanías que atiende en el centro comercial Lago Mall de Maracaibo (capital del estado de Zulia, noroeste de Venezuela). Después de una hora de charla, con café incluido, quedaron así: Inés Margarita González Arraga iría al día siguiente a declarar. José Luis no esperaba que su hija pasara la noche en el Sebin. Ni que ese 4 de octubre de 2014 fuera el inicio de una reclusión que ya lleva más de nueve meses. Nadie lo esperaba, en realidad. Pero era un destino que se había forjado mucho antes, antes incluso de que existiera la cuenta @inesitaterrible que la dio a conocer para Twitter y para el submundo de las inquinas políticas.

Sentencia sin juicio

Marisol es hermana de Inés. De los tres hermanos González Arraga, es la del medio. El único varón, el menor, estudió Ingeniería y vive en España, el país de donde procede el padre (exactamente del pueblo de Chantada, en la provincia de Lugo). Inés y Marisol apenas se llevan un año. Hicieron juntas la Primera Comunión. Se parecen bastante, sólo que Inés es de pelo moreno y Marisol lo tiene más claro. A ninguna se le adivina la edad al verlas. Ni a Inés, la mayor, en la foto de perfil que tiene en Twitter o en las muchas que colgó en su cuenta de Instagram unos días antes de caer presa. Marisol lleva una camiseta deportiva ceñida y unas mallas fucsias, la cara lavada, el pelo abundante, suelto. Es de facciones amigables, sonrisa permanente. No tiene ni un breve dejo de acento marabino.

“Ninguno de los delitos que le imputaron a mi hermana aplica para lo que ella hizo, que fue expresarse en Twitter”. Instigación pública, ultraje a funcionario público y ultraje violento. Así le dijeron el 7 de octubre en la audiencia de presentación. También que su sitio de reclusión dejaría de ser la sede del Sebin en Maracaibo y la trasladarían al Helicoide, en Caracas, sede alterna del organismo de seguridad en la capital de Venezuela.

Después del sonado asesinato del diputado por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Robert Serra, que ocurrió en el barrio capitalino de La Pastora en octubre de 2014, Inés González publicó varios tuits en alusión al difunto. “Robert Serra, le dieron ‘legado’. Paz a sus víctimas”. O: “A los tiranos se les da de baja, no es odio, es justicia. Robert Serra no era inocente como nuestros gloriosos estudiantes, no comparen”. En la red social también aludió con idéntica sorna a la entonces ministra de Comunicación –hoy Canciller–, Delcy Rodríguez, al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, y al presidente de la Asamblea Nacional y número dos del chavismo, Diosdado Cabello.  “Ella pidió disculpas si había ofendido la memoria del hijo fallecido”, defiende Marisol. Puntualiza a cada rato que no está tipificado el delito de opinión y mucho menos de un modo que amerite la privativa de libertad.

Según la justicia venezolana, sólo se puede tener retenido durante 45 días a alguien sin condena, a menos que la Fiscalía pase el caso a juicio. En el día 44 de reclusión, el 20 de noviembre, llegó la boleta de excarcelación de Inés González. Pero no salió del Helicoide. Sus abogados de entonces, de la organización no gubernamental Foro Penal Venezolano (FPV), plantearon el correspondiente habeas corpus. El lunes 24 tenía que presentarse ante tribunales, pero seguía retenida. “No pudo ir y dictaron un auto de detención contra ella estando detenida. Es un exabrupto judicial que solo pasa en Venezuela”.

La segunda audiencia preliminar fue diferida en dos ocasiones (21 de diciembre y 29 de enero) y se cambió varias veces de juez. Cuando por fin se realizó, a finales de febrero, se dictó sentencia de prisión por tres años. “Dime cómo te sientes, dime que te sientes bien para yo poder dormir en paz”, le habría dicho la jueza del caso a Inesita durante la audiencia, siempre según el relato de Marisol. “Mi hermana le dijo que qué le iba a decir, que sí, que durmiera tranquila. Pero esa señora, aunque se le saltaron las lágrimas, sabe lo que hizo. Le venden el alma al diablo”.

Pero en este punto, los hechos dejan de estar claros.

Inesita, “la terrible”, en uno de los twitcams que hizo en marzo de 2014, siete meses antes de ser encarcelada por el Sebin. Video: Livestream/twitcam_inesitaterrible.

Cierto que se le aplicó el artículo 285 del Código Penal, en el que se contempla que “quien instigue a la desobediencia de las leyes o al odio entre sus habitantes o haga apología de hechos que la ley prevé como delitos, de modo que ponga en peligro la tranquilidad pública, será castigado con prisión de tres a seis años”. Que haya sentencia sin juicio podría deberse a que Inés reconoció los hechos en la segunda audiencia preliminar, por lo que no tendría sentido abrirlo.

Una fuente que pidió mantener el anonimato cuenta que los primeros abogados de Inés, del Foro Penal Venezolano, dejaron el caso precisamente porque ella, en un momento de debilidad y bajón emocional, reconoció los delitos que se le imputaron. Celia Dao, abogada del FPV en Zulia, no atendió a la reportera para contrastar esa versión.

Si ese fuera el caso, de cualquier manera, es legítimo que se solicite libertad condicional para Inesita. La ley lo prevé, por ejemplo, para problemas de salud. Una salvedad que encaja en el caso de Inés González. Ella padece endometriosis, una enfermedad por la que el tejido uterino se implanta en otras partes del organismo. Durante la menstruación se producen grandes dolores, insoportables en ocasiones, pero hasta ir al baño puede convertirse en un sufrimiento.

“Mi hija necesita atención médica, hay que hacerle exámenes, no sabemos cómo está”, es lo poco que alcanza a decir Inés Arraga, la madre, al teléfono y llorando. Con miedo a cada palabra, con cuidado “para no provocar al lobo”.

Marisol cree que si su hermana hubiera robado un banco, ya estaría en libertad. Pero es un caso de libertad de expresión. “En mal momento lanzó sus tuits como una venezolana indignada. Los patriotas cooperantes la acusaron y la entregaron”, dice, en referencia al término que el chavismo gubernamental ha acuñado para destacar a sus informantes o soplones. Está segura de que le hacían seguimiento hace mucho tiempo. “Tiene una cuenta muy grande (56.000 seguidores en el momento de la detención). Ya la habían atacado antes, quisieron amedrentarla. Pero ella no hizo una denuncia nunca”. Aunque, en verdad, sí presentó una. Fue en 2011, en la policía judicial y contra el entonces presentador estrella de la estatal Venezolana de Televisión (VTV), Mario Silva, conductor del programa La Hojilla –antes diario, ahora confinado a un horario marginal de los sábados–.

–¿Tu hermana es opositora?
–Totalmente.

Cabeza caliente

Inés tiene una cabeza privilegiada. Se graduó de Química en la Universidad del Zulia (LUZ), hizo una maestría en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) y un PhD de Química Cuántica por la Universidad de Ohio (Estados Unidos). Ahora devora libros de Química en la celda que comparte con once mujeres más. Desde pequeña hizo eso, leer, estudiar, leer, “Inesita siempre estuvo más preocupada por la cabeza que por la apariencia”. Muy centrada en la cosa académica, le encantaba dedicar las noches caraqueñas a investigar. Lo hacía en las instalaciones del Ivic, a las afueras de Caracas, pero también en la casa en la que le dieron para ese tiempo. Hasta que un día, de golpe, la sacaron.

Según el Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS), el último lugar en el que trabajó fue en la institución científica del Estado. Al parecer, después de 52 semanas, un año de trabajo. Y no hasta un poco antes de su detención, como se ha dicho hasta ahora, sino hasta el 15 de marzo de 2013, cuando la cesaron. Luego estuvo en el Politécnico Santiago Mariño, un instituto privado, donde empezó a dar clases el 10 de septiembre de 2013 en el turno nocturno. Duró un mes y recibió dos pagos, de 700 y 400 bolívares, aproximadamente.

Su anterior cotización fue en 2007 por 35 semanas. No parece un ejemplo de estabilidad laboral. No se conoce con certeza en qué tiempo estuvo en Ohio. Pero se devolvió. En una versión, habría vuelto porque no consiguió trabajo después de un tiempo. Porque, aunque Inés es “inteligente y capaz, es demasiado humilde en el trabajo, no sabe promoverse”. Además, es peleona, contestona, no se calla, pelea por todo. En otra versión, regresó en parte porque allá en Estados Unidos no le gustaba, “porque ella es de inclinación de izquierdas”. Dos versiones para dos personas muy cercanas a ella: su padre y un ex novio.

Gozález Arraga hizo un PhD de Química Cuántica en la Universidad de Ohio; luego regresó a Venezuela. Foto: Instagram/inesitafotos.

“Ella viene de Ohio y asume un cargo en Pdvsa bien importante”, cuenta el ex novio, mencionando a la poderosa empresa estatal de petróleo. “Pero comienza a darse cuenta de que hay una descomposición, que ella fiscalizaba algo, pero había otras operaciones por detrás”, sigue. El ex novio la pinta como una mujer de posiciones fuertes, sin prudencia. “Los grises no aparecen ahí”. Confrontaba, “tiene los pantalones puestos”.

–¿Ella era chavista?
–Era pro proceso en algunas cosas.

Círculos sobre las íes

“Es una mujer joven,  con orden, con mucha estructura mental, que ejerce el control sobre los demás y sobre sí misma. Es creativa, imaginativa y egocéntrica, su mundo está en torno a ella. Tiene una ligera inestabilidad emocional”. José Manuel González, grafólogo, no sabe quién es Inés González Arraga. Tampoco se le ha dicho nada sobre ella. Analizó para este reportaje la letra de González o, al menos, la que aparece como su letra en una carta desde la prisión que se le atribuye y que recientemente circuló por varios medios electrónicos.

Aunque tiene matices propios de gente muy joven, de adolescente grande –como la carita feliz o los círculos sobre las íes–, lo amortigua el orden que tiene, los renglones rectos, los márgenes verticales. “Eso compensa la inestabilidad”. Tiene una forma de pensar y valores muy rectos, exigentes, ratifica el grafólogo: se apega mucho a sus creencias, es firme, pero “no valora la imagen de autoridad. No se deja impresionar por la figura de autoridad, ni siquiera por la del papá”.

Se trata de un retrato hablado de Inesita que casi suscribiría su ex novio, cuya identidad ya ha llegado el tiempo de revelar: se llama Igor Alcalá. Su relevancia en la historia de ella va más allá de esa relación, que ya terminada, todavía produce efectos. Alcalá es secretario general del Sindicato Movimiento de Trabajadores Organizados de Los Medios Audiovisuales de Venezuela (Motormav). Era trabajador en VTV hasta que hace un año se le prohibió la entrada a la sede del canal en la urbanización Los Ruices de Caracas. Aún más: fue integrante por mucho tiempo del equipo técnico del programa Aló, presidente, el maratónico dominical del fallecido Hugo Chávez. Y, lo que es más significativo, enemigo de Mario Silva, el rostro, cerebro y voz del programa que el mismo Chávez decía era su preferido en la televisión oficial.

Alcalá admite que hasta para él, con todo el tiempo que estuvo junto a la mujer, la metamorfosis de Inés González resulta un enigma. En esa nebulosa se le escapa hasta el dato preciso de cuánto tiempo estuvieron juntos. Fue una relación de cerca de un año, entre 2010 y 2011, dice. Lo que sí recuerda es que “rompimos por algunos excesos de ella en la relación en sí. En mi familia nunca vi peleas o roces”, cuenta. Quizás sabiendo que una relación acaba pero algo bueno hubo, retoma y dice de Inés que es una mujer con una gran capacidad intelectual, muy preparada. “Es un amor”.

Pero también dice que su ex novia era una persona muy apasionada, indetenible en ese tema de la pasión para que las cosas cambien, “sensible con lo cotidiano, una sensibilidad que la llevaba a ser muy radical”. Reflexiona delante del segundo café con leche y dice que puede que todo eso se alimentara con Twitter “y ese poco‘e seguidores que llegaron después”.

De la personalidad de Inés González da testimonio un incidente de celos que Alcalá rememora. Su novia para entonces consiguió colarse en la cuenta de correo electrónico de Alcalá, donde encontró que este había enviado su currículo a una mujer llamada Claudia. “Le puse las cosas que se le ponen a una amiga, porque Claudia era mi amiga, tenía buena relación. Que si ‘hola, mi amor’, ‘qué bueno que estés haciendo esto’, etc”. Pero a Inés esa camaradería con roces dulzones no le gustó. Y sintió unos celos muy fuertes. Y de la nada aparecieron unos blogs, de los que no hay a quién atribuírselo, que atacan a Claudia, en la que le dicen, entre otras lindezas, que “acosó a un hombre que no le paraba bolas por fea, por tener los dientes escoñetaos” o que se metiera en un gimnasio “a ver si ocurría lo imposible y rebajabas toda esa celulitis que te invade los muslos y la barriga y te acompleja enormemente”. Pero sí sabemos que Inés, directamente, mandó tuits a Claudia. “Le dijo quitanovios y cosas así. La atacaba mucho y eso afectaba a Claudia”.

Copia de la carta que Inés González recientemente escribió desde los calabozos del Helicoide, a nueve meses de su reclusión.

Claudia denunció a Alcalá por delitos informáticos. En ese tiempo a él le habían hackeado la cuenta y trató de justificar ante el comisario del CICPC (siglas del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, auxiliar del poder judicial) que atendió el caso que no era él quien atacaba a Claudia por las redes sino, “como le dije al comisario, con mucha pena, que seguramente era mi novia”.

Claudia, por cierto, tenía con qué movilizar a la policía científica. Resulta que la Claudia de este enredo era Claudia Almeida, ex gerente de Programación de VTV y quien ocupó un cargo de relevancia en el Ministerio de Comunicación e Información (Minci) durante la gestión de Andrés Izarra. Para abonar más a su influencia, el testimonio de Alcalá y un tuit de Francisco Poleo en septiembre de 2011 señalan a Almeida como “familiar” o “la persona detrás” de N33, el justiciero vengador prochavista que durante una campaña de varios meses sembró el terror entre periodistas y dirigentes de oposición cuyas cuentas en Twitter hackeó. Claudia Almeida no era alguien con quien uno debiera meterse.

Claudia Almeida, cuenta Alcalá, tenía para la época del incidente una amiga periodista en el departamento de prensa del CICPC, a quien se le ocurrió enviar un mensaje privado (DM, o Direct Message) de Twitter a Inés González desde la cuenta de prensa de CICPC. Pero al recibirlo, Inesita lo puso en su blog elmundosegunines.blogspot.com –ahora inhabilitado– y lo tuiteó, diciendo que el Estado la acosaba. “Ahí empieza la popularidad de Inesita. Es lamentable decirlo, pero fue por un tema de celos”, sostiene Alcalá.

La tensión desembocó en un estallido, sigue Alcalá, cuando Inés González, que en ese tiempo aún se identificaba como @igonzalezarraga en Twitter, se atrevió a poner una denuncia ante el CICPC de Maracaibo en la que acusaba a Mario Silva del asesinato de uno de sus propios escoltas. Los ataques en Twitter se sucedieron. Inés no escatimaba en decirle “asesino” o “drogo” al hombre de televisión, ni Mario Silva en responderle. Empezó a nombrarla en La Hojilla, su programa en la televisión estatal dedicado a hacer bullying nocturno a figuras de oposición y de los medios independientes, con frecuencia alimentado con información de los servicios de inteligencia del Estado. Inés también atacaba al entonces copresentador de La Hojilla, Jorge Amorín.  “Ella era chavista. Cambia con todo este lío. Todos los problemas que tenía en su relación los sacaba Mario Silva en el programa. Incluso sacaba fotos”, cuenta un conocido cuyo nombre pide mantener en reserva.

Ahí vinieron los sucesivos hackeos de la cuenta @igonzalezarraga y una guerra comunicacional 2.0 donde aparecen varios blogs en los que le dicen “ratica estéril”, “Inesita la fracasadita”, “carroña mal pagada” o “chavista disfraza de escuálida”.

La saña con que ese fuego cruzado se manifestó en la realidad virtual de Internet tiene un origen: Alcalá, el ex novio de Inés González, y Mario Silva, son enemigos jurados. Alcalá, que fue parte de su equipo, cuenta que tuvo varios encontronazos laborales con Silva y terminó por denunciar sus presuntos desvíos de fondos. Asegura que debió tomar medidas especiales para preservar su vida y seguridad, pero no tomó en cuenta otro flanco inesperado: Inesita.

“Inés buscaba protegerme ante los medios y señaló a este señor. Le dije que se quedara de bajo perfil, porque era un tema político, muy sensible, pero no me hizo caso”. Como cualquier pareja, hablaban. Y muchas de las cosas que Alcalá le contaba en confidencia, ella las publicaba en Twitter, a  pesar de sus advertencias. Sobre la denuncia en sí, vinculada con la acusación en que González señala a Mario Silva de haber matado a su propio guardaespaldas, Igor Alcalá reitera que es un tema muy sensible. “Yo pudiese darle la afirmación a Inés al respecto, lo que no tengo son las pruebas”.

Mario Silva nunca contestó a una petición que se le envió vía correo electrónico para que hablara del caso a la autora de esta nota. Jorge Amorín, en cambio, recordó que Inés González lo atacó y realizó múltiples amenazas contra su persona, aunque dijo que no tenía interés en comentar el episodio. Claudia Almeida, que tampoco accedió a declarar para el reportaje, mantiene, según versiones, una denuncia contra González aún pendiente de decisión en el Poder Judicial y por ello prefiere guardar silencio.

Antes de ser la ya célebre @inesitaterrible, ya se había presentado en Twitter como @igonzalezarraga. Perdidas entre los bits de la tuistosfera, hay muestras de que desde esa cuenta simpatizaba con el proyecto político del ex presidente Hugo Chávez.

Entre hackeo y hackeo, Inés sacó la cuenta @FueraLaHojilla, que llegó a tener miles de seguidores, acusó a Claudia Almeida de ser la autora de esos delitos informáticos y siguió batallando desde su trinchera cibernética contra Mario Silva y Jorge Amorín. Cuando finalmente se apropiaron de @igonzalezarraga y no pudo usarla más, cambió el nombre de @FueraLaHojilla por el que la hizo famosa, @inesitaterrible. El resto es historia.

La prisión no es de bits

Echar la vista atrás en la historia digital de Inés González Arraga es como tratar de buscarla en su vida real. Hay varias historias que se solapan, muchos huecos, ruido, gente que la conoce, se ha escrito con ella pero no la ha tratado en persona, quienes creen que estuvo en un lugar, pero no, quienes dicen que tiene una ideología, pero no. Como se vio, no siempre fue @inesitaterrible, pero ya daba que hacer con su alter ego anterior @igonzalezarraga, del que quedan sólo los rastros de algunas menciones y RTs. Incluso estos rastros hay que seleccionarlos y analizarlos como si de los restos de un bombardeo se tratara. Porque hay pedazos de esta historia que no son de Inés González, sino de quienes la adversaron en Internet.

Su cuenta fue hackeada varias veces. En 2010 aún no se había declarado la guerra y la cuenta –sus restos– muestra apoyo al entonces presidente Hugo Chávez. “@igonzalezarraga: @luistascon entiende Tascón…Chávez además de locos los tiene impotentes!!”.  A Patricia Janiot, la narradora colombiana de noticias de CNN en Español, también la increpó: “En #Venezuela es gratis la atención médica”. Hasta le llegó a escribir a sus futuros contrincantes,  Jorge Amorín y Mario Silva, para conseguir que Chávez ofreciera explicaciones por haber quitado a Eduardo Samán como ministro de Comercio. Pero, aunque se mostrara afín a la Revolución, nunca se ahorró críticas.

“En este país es preferible ser delincuente que pensar diferente”, remarca Marisol. Para ella, la hermana tuitera era asertiva, objetiva en lo que ponía en sus tuits. “No sólo criticaba al Gobierno, sino a cualquiera que no le pareciera”.

El papá le dijo muchas veces que dejara de tuitear, que le podía pasar algo. Incluso, para que su hija escarmentara en cabeza ajena, llegó a inventarse ejemplos de gente a la que le había pasado algo por tuitear. Ella, peleona, contestona, no escuchó al padre, le decía que a ella no la iban a buscar, que no andaban pendientes de lo que ella dijera. Y siguió.  “Como no trabajaba, estaba todo el día ahí metida en el Twitter”.

La hermana cree que alguien dio detalles personales de ella, “la tenían fichada”. Habla del primer encuentro  en el Helicoide, y recuerda cómo lloraba, cómo Inés pedía disculpas, se lamentaba por todo lo que estaba pasando. “Ha tomado el tema con bastante fortaleza. Es mi heroína”, dice Marisol, sonríe, y añade que ella, en su lugar, estaría destruida. En cambio, Inés se permite hacer bromas: no se plantea una huelga de hambre, “ella dice que lo que está es en huelga de hombres”. Y extraña mirar arriba y ver el cielo. Lloró mucho cuando murió el Aviador, Rodolfo González, el sexagenario que según la versión oficial cometió suicidio en marzo pasado tras casi un año recluido en los calabozos de la policía política, compañero de cautiverio en el Helicoide. Y sí, ha tenido miedo, porque aunque se muestra fuerte, encarada y frontal, tiene sus momentos de debilidad. “Está muy cansada. Está indignada. Dice que no puede ser que los delincuentes comunes estén en la calle a los dos días”.

Entre los integrantes de la autodenominada Resistencia de Maracaibo, célula madre de las guarimbas de 2014, nadie la conoce en persona. Nunca la vieron en la Plaza de La República de la capital zuliana, epicentro de las protestas. “No conocía a Lorent Saleh (dirigente juvenil de la oposición extremista), era una ciudadana normal. Ellos (el Gobierno) saben que mi hermana no está vinculada con nada”. Igor Alcalá dice que en más de una ocasión la animó a que desarrollara su liderazgo en Zulia, que él la ayudaba. “No sé qué pasaba, no se quería activar. Quién sabe si por tantos años detrás del teclado”. Y se lamenta de que no diera el paso para ser una figura pública: “Si lo hubiera hecho, puede que no estuviera presa”.

Marisol tiene su posición clara: la quieren callar. “Hablaste, me criticaste, sabes expresarte, la gente replica lo que tú dices… Es como una bandera: Miren a @inesitaterrible, miren lo que hizo y cómo les va a ir si lo hacen”.  Alcalá coincide. “La medida de meterla presa es darle una respuesta a los tuiteros opositores. Y con lo de Mario Silva hay un cobro de factura. Estoy seguro de que él metió ahí alguna opinión, de que si a ella se le metía presa, se callaba a más tuiteros”.

Hillary Clinton le demuestra a Jimmy Fallon que no usa peluca: FOTO

Hillary Clinton le demuestra a Jimmy Fallon que no usa peluca: FOTO
Foto: AP

La precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos Hillary Rodham Clinton le preguntó a Jimmy Fallon si alguna vez ha tocado el pelo de Donald Trump en “The Tonight Show”.

Por años el cabello de Trump ha sido objeto de conjeturas y bromas. “¿Quieres tocar el mío?”, le dijo Clinton. Fallon le jaló e pelo y exclamó: “¡Es real!”

Mientras Trump estaba en otro debate republicano, las referencias a él dominaron la participación de Clinton en “Tonight Show” el miércoles. Todo comenzó cuando Fallon apareció con una peluca para interpretar a Trump en un número cómico en el que le enseñó a Clinton cómo llevar las entrevistas.

“Inmigración: ¿Muralla o muralla gigante? “, preguntó Fallon en el papel de Trump.

Clinton dijo que Estados Unidos se construyó con gente que “trabajó con el corazón. … ¿Sabes lo que es trabajar tan duro por algo y estar muy cerca de lograrlo cuando de repente sale alguien de la nada para borrarlo todo?”.

“¿Estás hablando de Bernie Sanders?”, preguntó Fallon con humor sobre otro precandidato demócrata.
Más adelante y fuera del papel de Trump, Fallon dijo que Clinton era una “madre estricta”, lo que le hizo reír.

“No me metería contigo”, dijo. “Eres como si Ronda Rousey hubiese ido de compras a Ann Taylor Loft”, agregó haciendo referencia a la campeona de artes marciales mixtas.

Fallon se refirió a Clinton como madre y como abuela en varias ocasiones y dijo que el escándalo por correos electrónicos del Departamento de Estado en el que se vio involucrada debió anunciarse como “¡La abuela sabe cómo usar el email!”.

Fallon le dijo a Clinton que si ella dijera qué había en los correos, el escándalo se acabaría. Clinton repondió que los correos son “aburridos” y que el más interesante que ha salido a la luz es uno en el que le pedían que enviara pescado gefilte a Israel a tiempo para Pascua.

El presentador también se dijo sorprendido de que Clinton use las redes sociales, tome selfies y tuitee.

“¿Sabe hacer todo esto?, ¿sabe lo que es eso?”. “Es la forma de comunicarse”, dijo. “De hecho me gusta”. “Se tomó una selfie con Kim Kardashian”, dijo Fallon. “¿Sabe quién es Kim Kardashian?”.

Clinton señaló que se ha entretenido viendo la campaña de Trump. Se aventuró a decir que si Trump o el doctor Ben Carson, un neurocirujano jubilado que también busca la candidatura republicana, se vuelven presidentes, “le podrían cambiar el nombre a la Casa Blanca como Casa Trump y tener al dr. Carson haciendo cirugía en el sótano”.

También dio a entender que Trump daría mucho que decir entre los líderes internacionales: “Imagina, de pronto estás en el Kremlin y alguien llega corriendo diciendo ‘¡Oh, dios!, ¿oyeron lo que dijo el presidente Trump hoy? ‘ … De hecho haría que todos los demás se calmaran”.

Al comienzo Fallon le dijo a Clinton interpretando a Trump: “No te he visto desde mi última boda”.
“Estoy segura de que te veré en la próxima”, le reviró Clinton quien después le preguntó “¿Cuál es su postura sobre los asuntos de las mujeres?”.

“Conozco a muchas mujeres y todas tienen problemas”, le respondió.

Fallon terminó la participación de Clinton con un tono serio y le preguntó cuál es el asunto que más le atañe.
“Aumentar el ingreso de los estadounidenses”, respondió. “Que llegue más dinero a tu cheque para que puedas tener mejores oportunidades”.