La burbuja feliz de ‘Mad Men’

Por: Miriam Lagoa

Madmen

Atención: Detalles de los dos primeros capítulos de la quinta temporada

Las difíciles negociaciones entre AMC y Matthew Weiner sobre la renovación de la Mad Men han mantenido a la serie 17 meses fuera de la parrilla. En octubre de 2010, la cuarta temporada se despidió con una agencia de publicidad que empezaba a remontar el vuelo tras la marcha de Lucky Strike, un Don Draper que sorprendió a todo el mundo con una proposición de matrimonio un tanto precipitada, una Joan embarazada y con una Betty Draper (ahora Francis) consumida por los celos y la amargura de un segundo matrimonio que tampoco funcionaba.

Demasiados frentes abiertos que han hecho que el aterrizaje de la quinta temporada haya despertado una expectación más propia de un estreno que el retorno de una serie, a la que nunca le han gustado ser un fenómeno de masas pero ya no puede evitar serlo.

El arranque de la quinta temporada gira alrededor del paso del tiempo. El parón forzoso de la serie tiene su reflejo en el salto temporal de alrededor de un año que nos encontramos en el primer capítulo, concretamente hasta la semana del Memorial Day (que en EE UU se celebra el último lunes de mayo) de 1966. Estados Unidos está a punto de adentrase en una de sus etapas convulsas: un ambiente cargado en las calles que contrasta con la modorra en la que vive instalada Sterling Cooper Draper Pryce.  

Don Draper es feliz y el universo de Mad Men se llena de color. El publicista agresivo y héroe existencialista del pasado ha dejado paso a un trabajor casi apático que está más pendiente del reloj para salir corriendo con su mujer que meter a Sterling Cooper Draper Pryce en la primera división de las agencias de publicidad. Como Peggy, más de uno habrá pensado: “No reconozco a ese hombre. Es amable y paciente”.

No es el único cambio, el paso del tiempo ha dejado a todos los personajes descolocados.  Por primera vez en toda la serie, Sterling Cooper Draper Pryce parece navegar sin un rumbo fijo. Bertram Cooper es un elemento decorativo más en la oficina; Roger Sterling, una caricatura (todavía más) de sí mismo, el flemático Lane Pryce fantasea y Pete Campbell se alimenta de su frustración para dejar de ser nuestro perdedor favorito a ser el único agitador de una empresa que ha perdido empuje ¿Quién nos lo hubiera dicho hace tan solo una temporada?

Hasta Joan y Peggy no parecen las mismas: la primera es una sufrida y llorosa madre novata y la segunda está sobrepasada por la falta de liderazgo.  En este desfile de personajes se ha echado de menos a Betty (impagable ese “Morticia and Lurch” que le suelta Don a su hijos) pero en un episodio feliz y luminoso no tenía cabida el gesto torcido de la exseñora Draper.

Todo este absurdo, que hace que este (doble) capítulo sea uno de los más divertidos de toda la serie, tiene su punto álgido en la fiesta del 40 cumpleaños de Don Draper.  El número musical de Megan, el malestar del homenajeado y las reacciones que provoca en los invitados abren la línea principal de la quinta temporada. ¿Cuánto aguantará Don su nueva situación? La caída desde la cumbre, tan presente en los títulos de crédito y en la campaña de promoción de este año, sigue en marcha.

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