“No había excusa para no desnudarme”

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Denzel Washington llega por sexta vez a los Oscar con su interpretación en ‘El vuelo’ de un piloto drogadicto aunque con arranques heroicos

“Umm, déjame que recuerde: en los ochenta, en los noventa, en la anterior década, en esta… Oye, con lograr otra candidatura en la siguiente, sería feliz”. Denzel Washington (Mount Vernon, Nueva York, 1954) se toca el labio y exagera en su pose reflexiva. Su Whip Whitaker de El vuelo, un piloto de aerolíneas comerciales inmerso en una bacanal de drogas, alcohol y sexo con azafatas, le ha reportado su sexta candidatura a los Oscar. “Ay, era uno de los jóvenes, luego de los de edad media, y ahora soy el mayor. Pero mientras repita…”. ¿Le ganará Daniel Day-Lewis con Lincoln? “Nunca sabes. Yo gané el Globo de Oro con Huracán Carter, y el Oscar se lo llevó Kevin Spacey con American beauty”. Por una vez enseña culo y pecho, él, que ha sido uno de los actores más pudorosos de Hollywood. “Ehhh, pues sí”. Y empieza a carcajearse, antes de la reflexión: “Esta vez no había excusa para no desnudarme. El personaje pedía que sacara chicha, que mostrara su dejadez. Aunque desnudo, desnudo… ¡Eso la chica!”.

Con el tiempo, Washington, en persona un tipo risueño, ha acabado creando estupendos cabrones, personajes con colmillo. “No sé si los disfruto más que otros caracteres. A ver, es mi trabajo. Lo disfruto. Me encanta sumergirme en ellos. Probablemente el día más doloroso del rodaje [que tuvo lugar en tan solo 45 días en octubre y noviembre de 2011] fue en el que Whip entra en la casa de su exesposa y se encara con su hijo. Fue muy extraño: hablé con el chaval porque me quería pegar y le recordé que esta no era una película de boxeo, que la rabia debía expresarla con gestos y no con golpes. A eso me refiero con sumergirme: a encarnarlo. Otra cosa son las salidas de tono”.

Pero Whip no es solo un adicto, sino también un piloto excepcional, que salva a casi todos los pasajeros en un avión que se deshace por segundos con una maniobra increíble… que incluye voltear la nave. “Nos dijeron que se podía hacer. Me explicaron el problema de las fuerzas y fluidos que mueven el aeroplano, y lo complicado de verdad es el giro final”. En Estados Unidos le achacan poco realismo no por la maniobra, sino por la cantidad de cocaína y alcohol que lleva encima cuando la realiza. “Ah, mira, hasta tanto ya no puedo confirmar. Mi realismo tiene un límite. Aunque Bob Zemeckis me aseguró que la cocaína haría que alguien pilotara más relajado y con coraje. ¿Te imaginas en la cola del avión y pensar: ¡qué c… hace el piloto que estamos volando boca abajo!?”.

Tras tantos años en la industria, y resulta que Robert Zemeckis y Denzel Washington no habían cruzado sus pasos en la pantalla: “Es un gran piloto y un gran director. Tenía clarísimo que quería algo con oscuridad, con firmeza y a la vez que rodáramos rápido, con poco presupuesto. Porque el peso del personaje ya lo daba el guion. En fin, si algo he aprendido con los años, y sé que no soy original, es que nunca sabes qué va a pasar con las películas. Nunca”. ¿No tenía miedo de que Zemeckis, tras una década realizando filmes de animación, hubiera perdido el pulso? “No, porque una actuación es una actuación, y Tom Hanks es fundamental en Polar Express”.

Denzel Washington, en Madrid. / BERNARDO PÉREZ

Cuando vino hace justo 12 meses, Denzel Washington apuntó un par de datos sobre su carrera futura. Una, que tras su debut como director con Antwone Fisher (2002) y su segundo paso, The great debaters (2007), quería volver a dirigir, aunque lo veía complicado porque no encontraba financiación. “Pues la cosa ha mejorado y tengo claro que será en 2015. Sigo sin poder contar la historia porque aún no he cerrado por completo el presupuesto”. ¿No será una biografía sobre el pianista y compositor de jazz Thelonious Monk? “No, pero efectivamente, me encantaría encarnarlo en pantalla. Hay un guion dando vueltas por ahí. Y es el momento, porque en 2014 volveré al teatro, a Broadway, y en 2015 a la dirección”. La segunda es que siempre tiene presente un consejo de Sidney Poitier: “Si te das gratis de lunes a viernes, el fin de semana no pagarán por ti”. Justo lo contrario del Hollywood actual. “Efectivamente, demasiada publicidad es mala, al menos cierta clase de publicidad. Cuando eres joven, quieres salir en muchos medios. A mí me pasó, pero aún no vivíamos en la era de Internet. Y eso, amigo, ha cambiado las cosas”.

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