La maldición de Leonardo DiCaprio

La maldición de Leonardo DiCaprio

Pocos actores han conseguido tantos halagos y tan poco reconocimiento por parte de la Academia. Con «El renacido» lucha por obtener por fin el Oscar que se le resiste

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBI

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBIJames «Whitey» Bulge tras su arresto en 2011

Johnny Depp da vida a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir

Hasta poco antes de la muerte del primer y todopoderoso director del FBI, John Edgar Hoover, la prioridad de la agencia federal fueron los atracadores de bancos y los sospechosos de ser espías comunistas, pero los tiempos cambian y el crimen organizado adquirió un inconfundible acento italiano. La guerra contra la Cosa Nostra centró las prioridades del FBI hasta un punto obsesivo. Algunos agentes, sin embargo, entendieron el mensaje como un todo vale con tal de capturar a los mafiosos. John J. Connolly y John Morris, protagonistas de la historia más impía de la agencia, se aliaron con los cabecillas de la mafia irlandesa en una guerra sucia contra los italianos instalados en Boston.

Un irreconocible Johnny Depp da vida en la película «Black Mass» a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso y mitificado de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir y una baraja interminable de cartas similares al clásico «quedas libre de la cárcel» del monopoly.

«Sin confidentes no somos nadie», afirmó Clarence M. Kelley tras ser nombrado nuevo director del FBI a raíz del fallecimiento de Hoover en 1972. El problema es que el precario manual para el trato con los confidentes no resolvía los problemas más básicos: ¿Cuánto debe tolerar un agente para obtener información? ¿Es aceptable negociar con un delincuente a cambio de información sobre otro delincuente? En estas y otras muchas preguntas, la directriz era clara: si es italiano se permite casi todo. O al menos eso entendió John J. Connolly, uno de los agentes más jóvenes de la prestigiosa Brigada Nacional contra el Crimen Organizado, que a su regreso en 1975 a la ciudad donde se había criado se encargó de contactar con el héroe de su infancia, Bulger, y su socio y contacto con la Costra Nostra, Stephen J. Flemmi «El fusilero», para ofrecerles un trato entonces bendecido por la dirección del FBI.

Bulger, el héroe irlandés convertido en un soplón

La propuesta de Connolly era sencillamente que, a cambio de informar sobre la Cosa Nostra, el FBI miraría a otro lado en los negocios sucios de Bulger, que se centraban en las apuestas ilegales y en el cobro de préstamos. «De acuerdo. Si ellos juegan a las damas, nosotros jugaremos al ajedrez», contestó el mafioso irlandés a la oferta del FBI, que había convencido a Bulger de que la Cosa Nostra no iba a tardar en borrar a su banda del mapa si no aceptaban la «alianza». No obstante, el acuerdo era en su origen completamente legal y prometía ser infranqueable: nadie en la ciudad podría pensar que el legendario irlandés fuera un soplón. Fue la relación viciada entre Connolly y su héroe de la infancia, Bulger, bajo cuya leyenda criminal se había criado en las calles de Southie, un antiguo barrio obrero de orígenes irlandeses, lo que complicó todo. Solo cinco semanas después de que se abriera el informe de confidente, el irlandés se anotó su primer asesinato como confidente sin que a Connolly pareciera importarle.

Este doble juego de Bulger fue posible debido en parte a que en el folklore local era una suerte de Robin Hood dedicado a la protección de las esencias de Southie y a terminar con los matones de poca monta. Un criminal a la vieja usanza que impedía el paso de las nuevas corrientes y del nocivo narcotráfico. Pero nada más lejos de la realidad: Bulger bebía poco y no tomaba drogas, despreciaba a los bebedores y odiaba a los drogadictos, lo cual no significaba que fuera hostil a su venta. El soplón irlandés permitía el tráfico de cocaína y heroína en su viejo barrio a cambio de una comisión por parte de los camellos. Su imagen de «un bueno entre los malos», no en vano, se veía flanqueada por la notoria carrera política de uno de los hermanos de Bulger (el otro era juez auxiliar en Boston), Billy Bulger, que en 1978 se convirtió en presidente del Senado de Massachusetts y tuvo una larga carrera política en paralelo a la senda criminal de Whitey. Las líneas familiares se mezclaban así de forma difusa con las profesionales y las criminales. De hecho, Connolly, Whitey Bulger y Billy Bulger se habían criado en el mismo edificio de protección oficial en Southie.

La relación entre el FBI y Bulger retrató el mal funcionamiento del programa de confidentes e implicó a numerosos agentes que habían mirado a otro lado o directamente habían asumido que ese era el precio de obtener información de primera; sin embargo, los principales responsables de que tuviera lugar algo así fueron ante todo Connolly y su supervisor John Morris, que terminaron infringiendo una larga lista de delitos con tal de proteger a los que pasaron a ser sus amigos. De este modo, Connolly se dedicó durante casi 20 años a boicotear todas las investigaciones abiertas contra la banda de Bulger y a inflar de elogios los informes sobre las bondades del gánster irlandés, así como a achacarle las informaciones de otros confidentes. El objetivo final era demostrar, como defendió Connolly durante años, que Whitey era uno de los mejores confidentes en la historia del FBI.

Su nivel, no en vano, era el de «confidente de máximo nivel», es decir, un infiltrado que suministra información secreta de primera mano sobre figuras destacadas del crimen organizado. Pero, ¿realmente era un confidente valioso?, ¿tenía información de primera mano?

Asedio a la Cosa Nostra

Como recoge la obra periodística «Black Mass» de Dick Lehr y Gerard O’Neill, la mayor parte de la información suministrada por Bulger contra la Cosa Nostra en realidad pertenecía a Flemmi -de padre italiano-, aunque Connolly se la atribuía una y otra vez al irlandés. Además, la mayor parte de los miembros de la Cosa Nostra a los que Bulger delató supusieron, una vez desaparecidos, una gran oportunidad de negocio para precisamente su banda. Como ejemplo de ello, en los años ochenta, Bulger facilitó los datos necesarios para que el FBI pudiera introducir una grabadora dentro del local de los hermanos Angiulo, los representantes de la Cosa Nostra en Boston, y así incriminarlos. La operación resultó un éxito y Connolly dejó a todos claro que las escuchas habían sido posibles gracias a Bulger y Frammi. Lo cual era cierto, pero también lo era que el irlandés tenía un gran número de negocios compartidos con los italianos y una gran deuda económica contraída con los hermanos Angiulo, que ya jamás cobrarían.

Una y otra vez las investigaciones de la Policía local y la Policía estatal fracasaron en su persecución a la banda irlandesa, que no dejaba de crecer en volumen de negocio. Bulger y Flemmi siempre estaban un paso por delante de la Policía y sabían con antelación si estaban siendo grabados. Los agentes del FBI Connolly y Morris se encargaban de informarlos al milímetro, lo cual a esas alturas hacían por simple amistad. La primera de las muchas cenas que celebraría los cuatro juntos en los siguientes años, donde algún otro agente del FBI también participó, tuvo lugar en la zona de Lexington en 1979. El intercambio de regalos, en muchos casos dinero, se convirtió en algo habitual en el grupo y, desde que Whitey se trasladó a una vivienda contigua a la de su hermano en South Boston, contaron con la presencia esporádica del presidente del Senado.

Ciertamente, la Cosa Nostra no levantó cabeza en Boston y sufrió tres durísimos golpes policiales casi consecutivos entre 1975 y 1989, pero el precio pagado por el viciado FBI fue demasiado alto. Bulger actuó y asesinó a sus anchas hasta alzarse como el miembro del hampa más importante de la ciudad, para desesperación de la DEA y otros grupos policías ignorantes del pacto secreto. No fue hasta mediados de 1995 -cuando ya Morris y Connolly no se encontraban en la primera línea del FBI– que pudieron sacar adelante un caso contra los criminales irlandeses en relación a la brigada de corredores de apuesta a los que cobraban una comisión. Mientras Bulger escapaba a tiempo para esconderse durante 15 años junto a una de sus novias en Santa Mónica, California, Frammi fue arrestado y, al contrario del resto de ocasiones, ni Morris ni Connolly acudieron esta vez en su auxilio.

A esas alturas Morris, cuyo matrimonio se había desmoronado y su adicción al vino incrementado, tenía problemas más grandes en los que pensar. Durante el juicio contra Flemmi y otros miembros de la banda a raíz de la trama de los corredores de apuestas, surgió la cuestión de si el dúo criminal había sido o no confidente del FBI, lo que paradójicamente podía anular algunas pruebas contra ellos pero amenazaba con proclamarlos unos chivatos a ojos de todo Boston. Un desquiciado Morris sin nada que perder se encargó de sacar a la luz todo, incluidas las irregularidades y la actuación impía del FBI, cuando testificó en el proceso. Morris insistió además en que el FBI no podía garantizar inmunidad a nadie por crímenes tan graves y, por tanto, su acuerdo con los dos mafiosos era un desastroso asunto particular.

El agente federal había cantado haciendo oídos sordos a las advertencias de Bulger, quien en octubre de 1995 llamó a la oficina de Morris en Virgina con un mensaje claro: «Si yo voy a la cárcel, tú también irás. Pienso llevarte conmigo hijo de puta». Esa misma noche, Morris sufrió un infarto, pese a lo cual sobrevivió para ver como el FBI de Boston quedaba arrasado por el mayor escándalo en la historia de la agencia federal.

Finalmente, Bulger -que fue arrestado en 2011- y Flemmi fueron acusados de participar en 21 asesinatos, once de ellos perpetrados mientras eran confidentes del FBI, a causa de lo cual, y de otros muchos delitos, pasarán probablemente el resto de su vida en la cárcel. Por su parte, Connolly y Morris fueron acusados, entre otros crímenes, de aceptar sobornos, de obstrucción a la justicia, de revelar de forma ilegal información confidencial y de falsificar informes oficiales. En 2008, el exagente del FBI Connolly, asimismo, fue condenado a cuarenta años de prisión por homicidio impremeditado en el asesinato de Callahan, un contable de Boston que se había interpuesto en el camino de los cuatro amigos criminales.

La apertura de Cuba ha comenzado: Paris Hilton y Naomi Campbell ya están allí

Las celebrities asistieron a la cena de gala que cerró el XVII Festival Internacional del Habano, donde se fotografiaron con los hijos de Fidel Castro

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Paris Hilton se hace un «selfie» con Alejandro Castro (d), hijo del líder cubano Fidel Castro

Las famosas modelos Naomi Campbell y Paris Hilton, heredera del imperio hotelero de su apellido, pusieron este viernes el toque de glamour a la tradicional cena de gala que cerró el XVII Festival Internacional del Habano en la capital cubana. La cena que clausuró la fiesta de los puros habanos atrajo a más de 1.000 comensales en los salones del recinto ferial «Pabexpo», situado en la zona oeste de La Habana, donde también tuvo lugar una subasta de lujosos cajones para guardar las exclusivas marcas de tabacos cubanos torcidos totalmente a mano. En el Festival, que comenzó a principios de esta semana, se dieron cita más de 1.600 distribuidores, productores, coleccionistas, artistas y amantes de los puros habanos de 60 países.

En esta última jornada del evento, organizado por la empresa mixta Habanos S.A., fueron anunciados los ganadores de los concursos Habanosommelier y de la ceniza más larga, celebrados como parte del programa que también incluyó el lanzamiento de nuevas vitolas, visitas a plantaciones de tabaco, seminarios y una feria comercial.

Una de las novedades de esta edición fue la presentación de la vitola especial de la marca «Montecristo» en una edición conmemorativa por el 80 aniversario, que contó con una producción única de 30.000 cajas, cada una con 20 ejemplares de puros habanos. Además se estrenó la primera Gran reserva de «Romeo y Julieta», una vitola en su versión «Wide Churchills», confeccionada a partir de un largo y cuidadoso proceso de envejecimiento de cinco años, que tuvo una tirada de 500 cajones numerados.

Habanos, S.A. es una empresa mixta, propiedad a partes iguales de la estatal «Tabacuba» y la entidad española perteneciente al grupo inglés Imperial Tobacco Group PLC, que comercializa todas las marcas de puros hechos totalmente a mano en Cuba. Como líder del tabaco «premium», la corporación comercializa 27 marcas, entre ellas «Cohíba», «Montecristo», «Romeo y Julieta» y «Partagás», las más demandadas en 150 mercados distribuidos por África, Asia, África, América y Europa

Adiós a Leonard Nimoy, el inolvidable Sr. Spock de “Star Trek”

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El actor estadounidense Leonard Nimoy, que inmortalizara al personaje “señor Spock”, de la serie Viaje a las Estrellas, muiró a los 83 años.

El actor estadounidense Leonard Nimoy, famoso por dar vida al Sr. Spock en la serie de televisión y en las películas de la saga “Star Trek” (Viaje a las estrellas) falleció este viernes a la edad de 83 años en Los Ángeles, California (Estados Unidos).

Nimoy estuvo hospitalizado la semana pasada por dolores en el pecho, pero posteriormente regresó su hogar en en barrio de Bel Air, donde falleció a causa de una enfermedad crónica pulmonar, según confirmó su esposa Susan Bay Nimoy.

El actor había anunciado el año pasado que padecía una enfermedad atribuida a sus años de fumador, hábito que había dejado hacía tres décadas.

“Lo quise como un hermano. Todos extrañaremos su humor, su talento y capacidad de amar”, escribió en su cuenta de Twitter William Shatner, el actor que interpretaba al Capitán Kirk en “Star Trek” (1966-1969) y del que el Sr. Spock era contrafigura.

Desde el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pasando por colegas actores y legiones de seguidores han expresado su pesar por el fallecimiento en las redes sociales.

“Yo amé a Spock”, dijo el presidente Obama en un comunicado.

“Mucho antes de que ser nerd fuera cool, estaba Leonard Nimoy, un gran amante de las artes y humanidades, un promotor de las ciencias, generoso con su talento y su tiempo”.

“Y por supuesto, Leonard era Spock”, expresó Obama, “lógico, de grandes orejas y de cabeza fría, el centro de la visión optimista e inclusiva de Viaje a las Estrellas, del futuro de la humanidad”

“Ten una vida larga y próspera”

Además de actor, a lo largo de su carrera Nimoy ejerció de director, poeta, fotógrafo y músico.

Además de actor, a lo largo de su carrera Nimoy ejerció de director, poeta, fotógrafo y músico.

Alcanzó popularidad internacional a fines de los 60 con el personaje del Sr. Spock, un oficial de un planeta ficticio llamado Vulcano que tenía unas orejas puntiagudas y cuyo saludo característico era: “Ten una vida larga y próspera”.

Aunque la serie original duró sólo tres temporadas, el personaje se transformó en un ícono cultural, apareciendo en varias películas de la saga “Star Trek”, series animadas y videojuegos.

La misma serie se tranformó en una franquicia con 4 distintas ediciones: The Next Generation (La siguiente generación) (1987-1994), Deep Space Nine (1993-199), Voyager (1995-2001) y Enterprise (2001-2005)

Según destaca desde Los Ángeles el periodista de BBC Mundo Jaime González, este viernes algunos de los seguidores de Nimoy se han acercado a la estrella del actor en el Paseo de la Fama de Hollywood, sobre la que se han depositado flores.

Salto a la fama

Nacido en Boston en 1931 en el seño de una familia judía, siendo un niño Leonard Nimoy empezó a participar en obras de teatro

Se mudó a California con 18 años para cumplir su sueño de convertirse en actor.

Las orejas puntiagudas eran el rasgo más característico del Sr. Spock.

A principios de los años 50 apareció en varios filmes de bajo presupuesto y, tras dos años en el ejército de EE.UU., retomó su carrera de intérprete con pequeños papeles en series de televisión como “Dragnet,” “Bonanza,” “Dr. Kildare” y “The Man from U.N.C.L.E.”.

Fue en 1965 cuando llamó la atención de los productores que estaban preparando para el canal NBC la serie “Star Trek”, que acabaría lazándole al estrellato gracias al personaje del Sr. Spock.

Pese a que la serie tan sólo se mantuvo en el aire tres temporadas debido a su baja audiencia, acabó coinvirtiéndose en un programa de culto e hizo que Nimoy fuera nominado a los Emmy en tres ocasiones.

Nimoy apareció en siete de las películas de la saga “Star Trek”, incluida la dirigida en 2009 por J.J. Abrams, que fue un gran éxito de taquilla y dio a conocer entre las nuevas generaciones las aventuras de la nave Enterprise.

También prestó su voz al personaje del Sr. Spock en una serie de dibujos animados producida en los años 70 y en 1991 retomó el papel en dos episodios de la serie “Star Trek: La nueva generación”.

Hombre de muchos talentos

A lo largo de las décadas Nimoy diversificó sus intereses, obteniendo una licenciatura en la Universidad de Anticoh, dedicándose a la fotografía, publicando varios libros de poesía y discos de música, y creando una serie de comics que contaron con la colaboración del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov.

Algunos de los seguidores de Nimoy se han acercado a la estrella del actor en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Además de seguir actuado, apareciendo series, películas, obras de teatro y hasta videojuegos, Nimoy dirigió varios filmes, incluyendo dos de la saga Star Trek y la comedia “Tres Hombres y un bebé” (1987), que fue un gran éxito de taquilla en todo el mundo.

La ambivalencia que tenía frente al personaje que lo había hecho famoso en todo el mundo quedó demostrada en los títulos de las dos autobiografías que publicó: “No soy Spock” (1977) y “Soy Spock” (1995).

Casado en dos ocasiones, a Nimoy le sobreviven su esposa Susan Bay, dos hijos, seis nietos y un biznieto.

Eduardo Cortina: el recordado brujo Tobías

 

    Mundo de letras


     

     

    Eduardo Cortina como Tobías Jurado y Doris Wells como
    Isabel Blanco en una escena de La Fiera. Fuente: diario
    El Nacional, 03/01/1981.

    En 1978, al salir de la grabación de un capítulo de la telenovela La Fiera, el actor Eduardo Cortina se encontró con una niña de 13 años. No era la primera vez que algún telespectador le abordaba en las afueras del canal RCTV a propósito de su actuación, pues ya se hacía costumbre que le esperara gente humilde solicitándole la receta de alguna pócima o ensalme, especialmente para atraer novios.

    La petición en esta oportunidad le conmovió profundamente, tal como le confesó a la periodista Edith Guzmán en una entrevista realizada ese año(1): la niña apelaba a los supuestos conocimientos de su personaje, el brujo Tobías Jurado, y pedía un remedio para hacer volver a su madre, quien había huido con un hombre y la había dejado sola con sus nueve hermanitos menores, abandonados.

    Un buen actor característico.
    Fuente: El Nacional, 03/01/1981.

    A pesar de su juventud, pues tenía 35 años, Cortina logró con Tobías Jurado la consagración de su corta carrera como actor de carácter, esa que le había permitido interpretar desde un sacerdote hasta un matón. Sin embargo, su aspecto físico robusto y su hablar dicharachero le eran particularmente eficaces cuando de villanos se trataba, si bien su versatilidad no le restringía en sus posibilidades interpretativas.

    Había nacido en 1943 en la parroquia caraqueña de San Juan. A los 17 años ingresó a la Escuela Nacional de Teatro, movido por su pasión por las tablas. Participaría en obras como Romeo y Julieta, Deseo bajo los olmos, El acusador público, La fiaca, Basta de sexo y Vimazoluleka, entre otras.

    El dramaturgo y director Román Chalbaud, quien le conocía de su trabajo teatral, le llamó para que se incorporara en la televisión. Allí debuta en la producción dramática La Doña (1972), en sustitución de un actor que hacía de médico.  Desde entonces desarrolló una fructífera trayectoria en la pequeña pantalla, en momentos cuando la llamada “Telenovela Cultural” despegaba con fuerza. Participó en Boves, el urogallo (1974), donde hizo el papel de sacerdote; en Doña Bárbara (1974), como el Turco; en Canaima (1976), como el Sute Guanipa; e incorporó diversos roles secundarios en Pobre Negro (1976), Campeones (1976)  y La Balandra Isabel llegó esta tarde (1978), que protagonizaron Marina Baura, Doris Wells, Gustavo Rodríguez, Oscar Martínez, Elio Rubens y Miguel Ángel Landa, entre muchos otros grandes de la época.

    En el siguiente video le pueden ver en el primer capítulo de Doña Bárbara, interpretando a El Turco:

    Martha Carbillo.

    No obstante, el reconocimiento le vino seis años luego de su debut televisivo, cuando interpretó a Tobías en La Fiera. El personaje del padrastro de Isabel Blanco (Doris Wells) se convirtió en toda una creación, pues tal como él mismo lo definiera en una entrevista realizada por Edith Guzmán (2), era “…ingenuo y absurdo y creo que eso es precisamente lo que gusta. Yo lo hago en una transición de drama y comedia y ni siquiera su mujer (Martha Carbillo) ni su hija (Verónica Doza) y mucho menos Isabel, creen en él. Además, el pobre no pega una. Estos brujos son típicos de Venezuela y Latinoamérica; en la creencia del pueblo, se piensa que saben más que los mismos médicos…(Para ellos) los más importantes son el médico, el cura y el brujo y este casi siempre conoce de yerbas, que por lo general son medicinales. El caso de Tobías es muy particular porque él ni siquiera busca enriquecerse”.

    A la pregunta de Guzmán sobre el aspecto positivo que podía aportar un personaje como este brujo, Cortina le respondió: “El amor a la familia que él demuestra; Tobías quiere mucho a su mujer y a su hija, su mayor deseo es que Isabel salga de allí para que mejore su condición de vida, por eso quiere que se case con Eleazar Meléndez (Carlos Márquez)”.

    Fuente: diario El Nacional.

    El papel caló rápidamente entre los televidentes y Cortina recibió múltiples respuestas de afecto por parte del público. En esa época algunos brujos venezolanos le aseguraron que le debían a él “sus enormes poderes”, pero Cortina era enfático en cuanto a sus creencias con respecto a la brujería: “No, en la brujería del tipo que trata la telenovela, naturalmente que no, pero no podría decir que soy totalmente incrédulo. Creo en el bien y en el mal, en la fuerza de estos poderes y en la mente; también creo en la reencarnación y en la otra vida. Me atrae la metafísica”. Era nativo de Escorpión y comentó que leía los horóscopos “como casi todo el mundo, pero de allí no paso”.

    Las anécdotas con respecto al personaje se multiplicaban: “En el interior siempre sale alguno que dice reconocerme y hasta han asegurado que hace algún tiempo me hice un trabajo con ellos. El otro día recibí un libro, una especie de tratado sobre brujería; me lo llevó una señora para que me asesorara. Otra persona me fue a pedir un remedio para la culebrilla”.

    La repercusión de este trabajo le llevó a hacer giras cada fin de semana. Ya fuese acompañando a la Dimensión Latina o en solitario, visitaría Punto Fijo, Maracaibo y Puerto La Cruz, entre otras ciudades del país.

    En 1975, durante el 23 aniversario de RCTV, Cortina posa junto
    a sus compañeros de labores. Es el sexto de izquierda a derecha,
    en la segunda fila, junto Marisela Berti y Chony Fuentes, justo detrás
    de Pepeto López. Fuente: archivo RCTV.

    Cortina tenía una visión crítica con respecto a la televisión nacional. En esa época, mencionaba el rating como el gran enemigo de la pequeña pantalla: “Esa competencia despiadada no hace otra cosa que producir programas de baja calidad. El día que se acabe esa manera de hacer rating, entonces estoy seguro de que la calidad de la TV mejorará. Pienso que la televisión debe tener buenos programas musicales, al canal 2 le falta uno, también espacios infantiles”.

    En cuanto a los llamados “culebrones”, aseguró: “El folletín ha existido siempre, en  el siglo pasado los grandes novelistas escribían sus obras por entregas; el problema radica en la calidad. Novelas amorosas para que la gente sueñe siempre las habrá, lo que deben procurar es hacerlas bien, que en el fondo haya un mensaje”.

    En una escena de La empresa perdona un momento de locura.

    El actor manejó durante varios años un grupo de teatro infantil con fines didácticos, el cual tuvo que abandonar debido a lo absorbente de las responsabilidades vinculadas con su trabajo televisivo. Con esta agrupación teatral efectuó varias giras a la provincia y en él, junto a su hermana, se ocupaba desde la confección del vestuario hasta la escenografía.

    En el cine nacional, Eduardo Cortina participó en tres películas importantes de los años 70, siempre en pequeños roles secundarios: La quema de Judas  (Román Chalbaud, 1974), El Pez que fuma (Román Chalbaud, 1977) y La empresa perdona un momento de locura (Mauricio Wallerstein, 1978).

    En una escena de Estefanía, junto a Renato Gutiérrez,Verónica
    Doza y un actor no identificado.

    En 1979, interpretó el personaje de Querique en Estefanía, una de las telenovelas más exitosas de la década, protagonizada por Pierina España, José Luis Rodríguez y Carlos Olivier. En esta historia de época encarnaba a un zapatero que además era miembro de un grupo de combatientes en contra del ficticio régimen dictatorial de Marcos Suárez Figueres. El argumento de Julio César Mármol estaba inspirado en un hecho real de la historia venezolana: la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, quien en los años 50 había gobernado Venezuela con mano férrea. Destacaban además dos característicos de lujo: Gustavo Rodríguez como Pedro Escobar y Tomás Henríquez como Manuel Fulvio Lanz.

    En el siguiente video pueden ver a Eduardo Cortina interpretando a Querique, junto a José Luis Rodríguez en su rol de El Guácharo:

    La década de 1980 inició prometedora: participó en la miniserie Gómez I, de José Ignacio Cabrujas, donde interpretó a Nereo Pacheco, el esbirro a cargo de los calabozos de La Rotunda; e intervino en Pensión Amalia, una telenovela de Salvador Garmendia protagonizada por Amalia Pérez Díaz, Renato Gutiérrez y Tatiana Capote.

    Sobre su rol en Gómez I, confesaría en una entrevista al periodista Armando Carías(3): “Yo tengo cierta vinculación con el asunto porque soy hijo de un edecán del general Gómez, el coronel Ceferino Ruíz”. Contó que sobre el Benemérito había leído todo lo que había estado a su alcance, incluso tenía una carta del coronel Ruíz pidiéndole la libertad de unos presos. Conservaba además un sable y fotos que habían sido de su padre.

    “Nereo Pacheco era un hombre sumamente cruel por los avatares de la vida”, agregó en dicha conversación. “Era el que le echaba vidrio molido a los presos en la comida y hacía el trabajo sucio que no podía hacer el propio Gómez”. Paradójicamente, no ocultó su admiración por el general, incluso dijo que era a quien más admiraba después del Libertador Simón Bolívar, pues lo consideraba el auténtico hombre fuerte de la historia de Venezuela.

    Doris Wells y Carlos Márquez en La Fiera.

    Debido al éxito que había obtenido la transmisión de La Fiera entre el público latino en Norteamérica, en noviembre de 1980 Eduardo Cortina viajó a Nueva York junto a Doris Wells y Carlos Márquez, contratados para presentarse en los teatros Palladium y Boulevard de aquella ciudad. Según Doris, Cortina fue el que logró mayores aplausos, pues puso en evidencia sus condiciones vocales e interpretó varias canciones, entre ellas Borinquén, dedicada al público portorriqueño, que despertó el entusiasmo de los espectadores. Asimismo, compró collares para regalarlos entre los asistentes, simulando a los que usaba Tobías en la telenovela.

    Aunque el futuro se visualizaba promisorio, la gordura de Eduardo a tan temprana edad siempre había sido motivo de preocupación entre sus compañeros, quienes le recomendaban que siguiera una dieta más saludable. En esa época se le notaba cansado y de respiración jadeante (4), pero él nunca hizo caso a las advertencias acerca de su salud.

    Cortina: problemas de peso ponían en riesgo su salud.

    A finales de diciembre de 1980, Cortina viajó a Maracay a pasar las fiestas de Fin de Año junto a unos familiares. En la mañana del 2 de enero de 1981 dijo sentirse mal y, ante la gravedad de su malestar, a las 8:00 am su sobrino Ricardo Soret le llevó al Hospital Central de Maracay. La atención fue rápida, pero no hubo nada que hacer. A las 8:30 am murió víctima de un infarto fulminante al miocardio en la sala de emergencia del centro hospitalario. El sepelio se llevó a cabo el 3 de enero de 1981, luego del velatorio en su casa ubicada en la urbanización Ruiz Pineda, en Caracas.

    Su temprana e intempestiva desaparición física dejó consternados a sus compañeros de trabajo, quienes le recordaban no solo como un valioso intérprete dramático, sino también como un hombre bueno y servicial, incapaz de hacerle daño a nadie.

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    Fuentes consultadas:

    (1) y (2). Guzmán, E. (1978). “Tobías Jurado” el brujo de La Fiera capitaliza la atención en televisión. Diario El Nacional, 30/08/1978, página B-28.

    (3) y (4) Murió el actor Eduardo Cortina. Un hombre bueno con antifaz de malo. El Nacional,

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    “La apertura cubana es un maquillaje”

    El fundador de la Nueva Trova habla de sus años en los campos de trabajo

    El artista comienza la próxima semana una gira por España para presentar ‘Renacimiento’

    El cantautor cubano Pablo Milanés, en Madrid. / uly martin

     

    En esta entrevista concedida a EL PAÍS, mitad por vía telefónica, mitad de forma presencial, Pablo Milanés (Bayamo, 1943) habla  en profundidad de los años que pasó en las UMAP, los campos de trabajo tristemente célebres donde en los sesenta fueron recluidos homosexuales, religiosos y todos aquellos que en Cuba no se adecuaban a los “parámetros revolucionarios”.

    Sobre el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU, el cantante y compositor dice que no ve verdadera disposición a “ceder” en ninguna de las dos partes y considera “un maquillaje” las reformas realizadas hasta ahora en su país. Sin embargo, sigue sintiéndose revolucionario y pone como ejemplo a seguir al expresidente de Uruguay, José Mujica.

    Este viernes por la noche acompañó a Víctor Manuel en su concierto 50 años no es nada y la semana próxima comenzará una gira por España para presentar Renacimiento, trabajo que llega siete años después de su último álbum y en el que Milanés rescata ritmos tradicionales de Cuba como el guaguancó, el son o el changüí, poco habituales en su repertorio. El año pasado el cantautor se sometió en España a un trasplante de riñón donado por su esposa, Nancy, y ahora parece rejuvenecido. Acaba de terminar un disco con José María Vitier y trabaja en dos nuevos proyectos, uno de ellos con su hija Haydee.

    Pregunta. En el reciente Festival de Cine de La Habana se hizo un homenaje a García Márquez. Allí usted cantó Días de Gloria (1999), una de las canciones que más gustaban al escritor y que en su estrofa final lamenta: “Qué es lo que me queda/ de aquella mañana/ de esos dulces años/ si en ira y desengaño/ los días de gloria/ los dejamos ir”. ¿Era un desengaño compartido? ¿Por qué tanta gente arrepentida?

    Respuesta. Nunca hablé con Gabo de por qué le gustaba esa canción, pero la escuchó, le gustó y la elogió muchísimo… debió comprenderla perfectamente. Arrepentido no es precisamente la palabra. Estoy más bien, y creo que los que piensan como yo también, defraudado por unos dirigentes que prometieron un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una prosperidad que nunca llegó en 50 años.

    P. ¿Por qué Renacimiento?

    R. Este trabajo se llamó así por dos motivos: porque es un renacer en mi obra después de varios años sin publicar un disco, y porque la base fundamental de casi todos los temas es la música renacentista y barroca, esencial en mi obra. A partir de esos pilares exploro distintos géneros cubanos menos conocidos e incluso algunos más olvidados como el changüí, que es una variante específica del oriente cubano y con raíces más profundas en Europa y África. En muchos de los temas se combinan dos estilos musicales, transitando desde una primera parte clásica a un género más contemporáneo o esencialmente cubano en la segunda parte de la composición.

    P. En las letras también hay cargas de profundidad. En Canto a La Habana dice: “La Habana siempre es mi guía/ Limpia y bonita como fue ayer/ mustia y marchita como está hoy”.

    R. La Habana es una de las ciudades más mágicas del mundo aun cuando se está cayendo. Es una canción de alabanza, pero al mismo tiempo contiene la tristeza por el hecho de cómo la han dejado caer en la “miseria y la soledad”, como digo en la canción.

    Todavía espero que el Gobierno cubano pida perdón por la UMAP

    P. En Dulces recuerdos se recrea el día en que se legalizó el Partido Comunista de España. “El recuerdo no marchita tu belleza de esa noche,/ pero el tiempo se ha encargado de matar otros anhelos/ y me lleva hasta París 68, cuando juntos contemplábamos un cartel que nos decía: ‘Marx ha muerto, Dios no existe...”. ¿Vale también para Cuba?

    R. Aquel día estaba en Madrid y sentí la euforia de aquella cantidad de gente que corría hacia la Cibeles a celebrarlo. Yo también lo celebré hasta la madrugada. Por mucha universalidad que tengan mis canciones, es raro que no incluya a Cuba, y naturalmente Cuba también está ahí y forma parte del fracaso del socialismo real, del que hablo en ese tema.

    P. Recientemente recibió un trasplante de riñón, que donó tu esposa Nancy. ¿Cómo le ha cambiado la vida?

    R. Me siento extraordinariamente bien, me hago exámenes mensuales desde el trasplante y todos los parámetros están cerca de la perfección. Naturalmente me ha cambiado la vida, y eso implica el sacrificio de un cambio radical de costumbres.

    P. Ese acto de amor de Nancy…

    R. Efectivamente, fue un acto de amor inconmensurable. Cuando Nancy decidió donarme su riñón lo expresó ante mis hijos, mis amigos y los que me querían, con una convicción que no tuvo reproches de parte de nadie; demostró a todos que ese acto de amor era intocable.

    P. ¿Cómo valora el anuncio del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE UU?

    R. En primer lugar, me llenó de regocijo el regreso de los presos cubanos, porque aquí siempre existió la convicción de que el juicio en EE UU estuvo amañado. Luego viene el restablecimiento de las relaciones, que para los cubanos del interior y del exterior, sin duda, es conveniente por la unificación definitiva de muchas familias. Ahora, tras 18 meses de conversaciones secretas, donde se supone que llegaron a acuerdos, las declaraciones de los gobiernos de ambos países me dejan desconcertado. Cuba no cederá un ápice en su posición y EE UU penetrará en todos los ámbitos que pueda para el supuesto desarrollo de la nación cubana. Siguen enrocados. ¿A qué acuerdos llegaron los dos si ahora se contradicen? Esa es mi duda: que ninguno ceda y que otra vez el pueblo cubano siga en su agonía sin salida, como está hace 50 años.

    P.¿Las medidas aperturistas en Cuba han tenido efectos positivos, o sólo han incrementado las desigualdades?

    R. Ni una cosa ni la otra. Siempre he dicho que esas aparentes aperturas han sido un simple maquillaje. Hay que ir al fondo, al pueblo de a pie para ver que nada ha cambiado.

    P. En recientes entrevistas se ha referido a su paso por los “campos estalinistas” de la UMAP y a cómo este hecho interrumpió su carrera. Hasta ahora nunca ha ahondado en lo que pasó. Puede contarlo hoy…

    Hitos de Pablito

    – Fundador de la Nueva Trova Cubana junto a Silvio Rodríguez y Noel Nicola

    – Autor de canciones inmortales como Yolanda, El breve espacio en que no estás o Yo no te pido

    – Viajó por primera vez a España en 1975 y desde entonces ha realizado giras casi todos los años

    – Ha editado 54 discos durante su carrera. Su último trabajo es Renacimiento

    R. Nunca me han preguntado tan directamente sobre las UMAP (irónicamente Unidades Militares de Ayuda a la Producción). La prensa cubana no se atreve y la extranjera desconoce la nefasta trascendencia que tuvo aquella medida represora de corte puramente estalinista. Allí estuvimos, entre 1965 y finales de 1967, más de 40.000 personas en campos de concentración aislados en la provincia de Camagüey, con trabajos forzados desde las cinco de la madrugada hasta el anochecer sin ninguna justificación ni explicaciones, y mucho menos el perdón que estoy esperando que pida el Gobierno cubano. Yo tenía 23 años, me fugué de mi campamento —me siguieron 280 compañeros presos más de mi territorio— y fui a La Habana a denunciar la injusticia que estaban cometiendo. El resultado fue que me enviaron preso durante dos meses a la fortaleza de La Cabaña, y luego estuve en un campamento de castigo peor que las UMAP, donde permanecí hasta que se disolvieron por lo escandaloso que resultó ante la opinión internacional.

    De allí, después de leerme Un día en la vida de Ivan Denisovich, de Aleksander Solzhenitsyn, que me envió un amigo, me di cuenta de que las ideas de un revolucionario no se desvían por los errores que cometen los dirigentes. De allí salí más revolucionario. La UMAP no fue un hecho aislado. Antes de 1966, Cuba se alineó definitivamente a la política soviética, incluyendo procedimientos estalinistas que perjudicaron a intelectuales, artistas, músicos. Según la historia, en 1970 comenzó lo que se llamó el quinquenio gris, y yo digo que realmente comenzó en 1965 y fueron varios quinquenios.

    P. ¿Y por qué después de todo esto siguió considerándose revolucionario y defendiendo la revolución?

    R. El origen está en lo que significó Cuba en el año 59 para el mundo. Yo tenía entonces 15 años, y cuando profundicé en la realidad social de América Latina me convertí en un revolucionario. Esas ideas no solo cuajaron en mí, sino en todos los países latinoamericanos. Los ideales que profesábamos eran los más puros que se podían tener en aquella época. Otra cosa hubiera sido traicionar mi pensamiento, así que, aunque se cometieran errores, vi que había que defender la idea original… y todavía la defiendo. Yo asumo el pasado, y tengo claro lo que pienso. Apoyo la revolución ciudadana de Correa en Ecuador y la de Evo Morales. Y para mí el ejemplo más grande de revolucionario en América es José Mujica, encarcelado durante 14 años y después un hombre sin rencor, capaz de crear un Estado libre, soberano, no dependiente y próspero.

    La nueva Emma Watson

    Hablamos con la actriz Emma Watson de maquillaje, fama y películas.

    Creció en el cine como Hermione en la saga ‘Harry Potter’.

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    Alexi Lubomirski para Lancôme

    “¡Belleza y carrera! ¡Por favor! Preguntas sobre belleza y carrera…”. El encargado de prensa de la firma de cosméticos que ha sentado a Emma Watson (París, 1990) en el enorme sofá de esta suite en la segunda planta de un hotel de la capital francesa pierde la paciencia con el mismo buen gusto con el que viste. Dos minutos antes de su irrupción en la sala para atajar un conato de arranque de sinceridad por parte de Watson, la actriz –que ha venido a hablar de su pintalabios y de su próxima película a las órdenes de Sofia Coppola– estaba encantada ante el perfil que sus encuentros con la prensa tienen cuando aparece dispuesta a compartir trucos de belleza con su interlocutor. “Las preguntas son divertidas, es más relajado”, anunciaba minutos antes la chica que a los nueve años logró el papel de Hermione Granger en la saga Harry Potter.

    Ahora la conversación toma otro rumbo. “¿Un desnudo frontal como el de Daniel? Bueno, creo que hay otras formas de desmarcarse de Harry Potter. No me gusta pensar en mi carrera a partir de ahora como una reacción ante lo que hice antes, porque es algo que me ha ayudado a ser lo que hoy soy. Prefiero pensar y escoger mis trabajos en positivo”. Watson marca de esta forma distancias con el formato de carrera pos-Harry Potter que ha escogido Daniel Radcliffe y que poco tiene que ver con el camino que ha emprendido ella. En la sala de al lado, el responsable de prensa debe de estar mordiendo las cortinas. “Es complicado, porque soy joven y hay poca gente a mi alrededor dispuesta a decirme que no. Eso puede ser un problema. Mucha gente depende de mí… Es difícil decir no a la gente. Nunca seré capaz de hacer suficiente, siempre querrán más de mí. Cuando admito que jamás lo haré todo, me siento mejor. Hago lo que puedo”. Y ahí el hombre ya no puede más y vuelve a irrumpir en la sala. “¡Belleza y carrera!”, repite antes de volver a desaparecer.

    Alexi Lubomirski

    Watson, toda naturalidad, sorbe su agua y prosigue su discurso como si nada. “¿Sabes? A veces me aburro, pero mi padre siempre dice que la gente que se aburre es aburrida. Trato de no olvidarlo. Siempre hay cosas que puedes encontrar interesantes y hacerlas tuyas”, insiste sin determinar exactamente a qué se refiere esta chica que, tras 10 años trabajando en cine sin parar, se cansó de que el público la viera crecer en directo y se enroló en la Universidad de Brown. Allá las cosas no fueron exactamente como estaba planeado, por lo que su periodo sabático con respecto al cine fue interrumpido para enrolarse en el rodaje de Las ventajas de ser un marginado, un filme de aires generacionales que le permitió ensayar su acento norteamericano y definir el perfil de su carrera, orientada ahora al cine más independiente, aunque realmente lo que a ella le gusta son las comedias románticas como Notting Hill. Justo al revés de lo que dicen todas las actrices, que admiten amar el cine de arte y ensayo, pero asumen la necesidad de rodar productos alimenticios. Hasta en esto es original Watson. “Je, je, no lo había pensado así. No sé, cuando llego a casa y quiero ver cine, lo hago para desconectar. Si supiera la de basura que veo”, bromea.

    Su próxima cinta llegará con la firma de Sofia Coppola y trata sobre The Bling Ring, una banda de malhechores adolescentes que se dedicó durante una época a colarse en las mansiones de algunas celebridades de Beverly Hills. Se esnifaron la cocaína que guardaba en casa Paris Hilton y mearon en el salón de la mansión de Orlando Bloom y Miranda Kerr, además de sustraer dinero y joyas de cada palacete en el que entraban. Gracias a ellos, el mundo supo que Paris Hilton no solo pierde el móvil cada semana, sino que también es incapaz de recordar cerrar la puerta de su casa. La historia le ha ayudado a la actriz a plantearse su exposición. “Es una reflexión sobre la fama, y eso me interesó mucho. Con esta historia he aprendido a entender cosas sobre mi perfil público. Por ejemplo, no puedes ser siempre tú misma al 100%. Debes ser profesional. Al final, cuando hablas es para promocionar tu trabajo, no puedes pecar de demasiada sinceridad. La persona que conversa ahora contigo no es la misma que habla con su familia o sus amigos. De cualquier modo, trato de mostrarme tan honesta como puedo, sin olvidar jamás que esto es un trabajo”.

    Emma Watson dando vida a Hermione en la saga ‘Harry Potter’.

    A pesar de la vorágine en la que está envuelta, espera poder terminar este año, tras su segundo periplo universitario en Oxford, su carrera con un último semestre de nuevo en la Universidad de Brown. “En la Universidad me siento cómoda, aunque, una vez más, cuesta ser una misma cuando te están observando. Pensaba que pasaría más desapercibida”, apunta. “A veces debo tener cierto aspecto para poder promocionar mi trabajo. Debo esforzarme en eso y ser parte del juego, pero debo luchar porque el juego no se adueñe de todo. Una vez más, se trata de que, detrás de todo ese ruido y esas obligaciones, yo sea capaz de dar con ese punto en el que puedo proyectar un poco la esencia de lo que soy. Está claro que te diluyes en el personaje que creas, pero también soy consciente de que al público también le interesa ver un poco de la persona”. Y esa persona, a pesar de su juventud, sabe exactamente dónde marcar las líneas rojas con respecto a su intimidad y, sobre todo, sabe darle al público lo que pide. “¿Que te cuente una intimidad?”, susurra la actriz, fingiendo que nos sigue el juego para evitar una tercera visita del jefe de prensa. “Vale. Allá voy: soy una jugadora de tenis de mesa excelente. Nadie me cree, pero es verdad, soy una máquina. También pinto y dibujo, pero en realidad en lo que soy mejor es en el tenis de mesa. En las próximas entrevistas voy a pedir que me pongan una mesa y traigan unas raquetas, así lo podré demostrar”.

    Fue en 2011 cuando la actriz fichó por Lancôme, firma de la que también son imagen Penélope Cruz y Julia Roberts. “Mi relación con Lancôme empezó con unas reuniones para conocer a la gente de la firma. Fue muy bien, conectamos muy rápido. La verdad es que me he involucrado mucho, hasta el punto de volver locos a todos los de la marca. Todo el proceso debe ser parte de mí. Si no, no hay recompensa en el trabajo”, comenta al respecto de la génesis y la morfología de su colaboración con la firma francesa como imagen de la línea In Love, compuesta a base de colores pastel, fucsia y demás aproximaciones al universo juvenil con un aire inocente. “Debes tener cuidado con la forma en que trabajas con firmas tan grandes como esta”, insiste. “Es un trabajo grande. Debes sentirte cómoda hablando del tema. Si no, se vuelve el asunto muy poco auténtico y difícil para ambas partes. Para mí, es bueno, disfruto el maquillaje desde muy joven. Me encanta crear looks diferentes, he trabajado con grandes maquilladores y de todos trato de aprender. Además, la marca es francesa, tiene una sensibilidad muy de aquí, que es algo con lo que conecto. Crecí en Francia”. Esta tarde, cuando acabe de responder preguntas sobre belleza y carrera y se le haya pasado el jet lag que lleva encima, pasará a ver a su abuela, algo que, aunque poco tiene que ver con su carrera y menos con su belleza, es lo que más le gusta hacer cada vez que visita París.

    El actor que dio vida a Londres

    Una muestra celebra a Michael Caine como la genuina esencia de la ciudad

    El intérprete fue cabecilla de la revolución cultural del ‘swinging London’

    Michael Caine, en el rodaje de ‘Alfie’ (1966). / Kobal Collection

    Un galán de físico peculiar y con el distintivo acento cockney de la clase trabajadora pisa firme y sin complejos el Londres efervescente de los sesenta, donde todo parecía posible. El personaje de Alfie (1966), película erigida en icono de una cinematografía británica hasta entonces dominada por talentos y dicciones de otra ralea, puede confundirse fácilmente con el de su propio intérprete, Michael Caine, un actor que quiso y logró comerse el mundo. Desde el rebelde que rompe moldes en plena revolución social y cultural del swinging Londonhasta la estrella de Hollywood con un centenar de títulos a sus espaldas, el recorrido artístico y vital del hoy sir Michael siempre ha tenido su anclaje en esta ciudad que ahora le rinde homenaje en su 80º cumpleaños.

    Adquirida desde ayer la condición de octogenario, Caine se ha revelado como un artista incombustible que sigue trabajando después de más de medio siglo en el oficio, aunque para sus conciudadanos encarna principalmente a uno de los personajes más reconocidos y queridos, a uno de los suyos. “Fue el primer actor en llevar a la gran pantalla un auténtico acento londinense y, a pesar de todos los éxitos, sigue intrínsecamente ligado a esas raíces”, subraya Beverly Cook, comisaria de la exposición en el Museo de Londres que resume esa trayectoria a través de una colección de fotografías, retratos y secuencias de una nómina interminable de películas.

    Pantallas de vídeo y un gran proyector nos muestran a aquel soldado rubio de Zulú o Infierno en Corea —el filme con el que debutó a los 23 años—, trastocado una década más tarde en el cínico aventurero de El hombre que pudo reinar junto a Sean Connery. El delincuente con marcado deje del East End (Un trabajo en Italia), el Pigmalión desbancado por su alumna (Educando a Rita) o el duelo actoral con la veteranía de Laurence Olivier en La huella van punteando la evolución de un intérprete cuya espléndida madurez le procura el primer Oscar por Hannah y sus hermanas, y que recibe la segunda estatuilla con toda la platea en pie por su papel en Las normas de la casa de la sidra. El Caine de los últimos años, que se prodiga en roles de secundario de lujo como Alfred, el mayordomo de la última saga Batman, ha adquirido un cierto porte venerable que apenas permite intuir los modestos orígenes del hijo de un trabajador del mercado de pescado, nacido bajo el nombre de Maurice Joseph Micklewhite el 14 de marzo de 1933.

    “Soy un icono… así lo dicen en el periódico”, es una de sus citas legendarias que casa como un guante con el retrato que le tomó David Bailey en 1965. Las características gafas de gruesa montura negra, el cigarrillo sin encender apenas sostenido en los labios, la mirada entre altanera y desafiante de un actor que por aquellos tiempos reivindicaba la creatividad y emergencia de una clase relegada al último peldaño del sistema: “Estamos aquí, esta es nuestra sociedad y no vamos a marcharnos. Nos podéis querer u odiar, ya no nos importan vuestras opiniones”. Caine formaba parte de un grupo de jóvenes airados que, como el fotógrafo Bailey, el peluquero Vidal Sassoon o el también actor Terence Stamp, su compañero de piso en Ebury Street, participaron en la primera línea de la vanguardia del swinging London, una rebelión en la escena cultural y de la moda, enfática de lo nuevo, lo moderno y un espíritu hedonista frente a la austeridad de la posguerra, que acabó convirtiendo a la capital británica en un referente mundial.

    La serie de fotografías de la exposición se detiene especialmente en esa época prodigiosa, inmortalizada por las cámaras de Bailey o Terry O’Neil, y que el mismo Caine ha rememorado con su habitual estilo irónico: “A principios de los sesenta no conocía a nadie famoso; al final de la década todo el mundo al que conocía ya era famoso, y eso que entre tanto no había hecho nuevas amistades”. Ya no se apeó de aquel pedestal que le ha merecido el récord, solo compartido con el estadounidense Jack Nicholson, de ser los únicos actores nominados por la academia hollywoodense en cada una de las décadas desde 1960 hasta el nuevo milenio. Esa circunstancia va a hacer muy difícil el reto que plantea el Museo de Londres a sus visitantes, nada menos que responder a la pregunta: “¿Cuál es la mejor película de Michael Caine?”. El resultado de la votación se conocerá el próximo mes y los cuatro primeros títulos serán exhibidos como guinda de una muestra que tiene entrada gratuita y se prolongará hasta julio.

    En ese mismo recinto, Michael Caine acaba de recibir una condecoración solo reservada a los hijos más ilustres de Londres, Freedom of the City, en un acto donde se reivindicó la influencia de la ciudad tanto en su vida como en su carrera. Socarrón, simpático a su manera y con una reputación de tacaño que quizá beba de unos orígenes con muchas privaciones, allí inauguró emocionado una exposición que ha vuelto a ponerlo frente a frente con su supuesto sosias del celuloide. Apenas se identifica con el personaje (“Los dos somos cockney y a ambos nos gustan las mujeres, pero nunca las trataría como hace él”, dice aferrado a los 40 años de matrimonio con su segunda esposa, Shakira), porque por encima de todo es un intérprete. Y, aunque disfruta de los halagos, también marca cierta distancia: “Cuando el público que ve mis películas exclama: ‘¿No es un actor maravilloso?’, entonces he fracasado. Si realmente lo soy, se olvidarán de ello para estar pendientes de lo que va a pasarle a mi personaje. Eso es lo único que trato de ser, un verdadero actor de cine”.

    Alfred HITCHCOCK, Anverso y reverso del gran creador

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    Hitchcock’ trata sobre la producción de la película “Psicosis” (1960). Detrás de Alfred Hitchcock, el denominado “maestro del suspense” ,  había un aspecto que se ocultaba: su extraordinariamente creativo romance con su leal esposa y colaboradora en la realización cinematográfica, Alma Reville.

    “Hitchcock” saca a la luz su fascinante y compleja historia de amor. Y lo hace mientras se filma su más audaz aventura cinematográfica: Psicosis, que se convertiría en el filme más controvertido del director, y también en el más legendario.

    Contra todo pronóstico, cuando la tumultuosa producción llegó a su fin, la forma de hacer cine cambió para siempre.

    Trailer en español

    Trailer en inglés sonido original

     

    Anverso y reverso del gran creador

    HITCHCOCK

    Dirección: Sacha Gervasi.

    Intérpretes: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Danny Huston, Scarlett Johansson, Jessica Biel.

    Género: drama. EE UU, 2012.

    Duración: 98 minutos.

    Janet Leigh (Scarlett Johansson) y Alfred Hitchcock (Anthony Hopkins), en un fotograma de ‘Hitchcock’.

     

    Alfred Hitchcock, ese hombre permanente y comprensiblemente enemistado con su adiposo cuerpo y su pintoresca apariencia, comprendió antes que nadie que el director es la estrella y se lo hizo saber muy pronto no solo a la industria y a las estrellas que él dirigía, sino también al amado público. Convirtió su nombre en el mayor reclamo publicitario y fue tan coqueto y exhibicionista que se permitía el autohomenaje de que su inconfundible figura apareciera en todas sus películas desde que tuvo clarísimo que estas eran sus hijas, desde los comienzos, desde su etapa inglesa. También en sus cínicas e inquietantes presentaciones en la serie de televisión Alfred Hitchcock presenta.

    Viendo su inmarchitable cine, ese apabullante lenguaje visual al servicio de historias casi siempre turbias que quedan grabadas perdurablemente en la retina del espectador, su obsesión por el lado oscuro de las personas y las cosas, su capacidad para transmitir las sensaciones más desasosegantes, deduces la potencia de su volcánico cerebro y la complejidad de su personalidad. De todo ello habla esta película reconstruyendo la creación de Psicosis, una película que aunque me la sepa de memoria me resulta arduo y amenazante revisarla en soledad. Por si acaso, porque lo que ocurre en los moteles aislados del mundo y en la placidez de la ducha está grabado pavorosamente en mi consciente y en mi subconsciente por el arte de aquel individuo tan inteligente como perverso.

    Y, cómo no, presta mucha y agradecible atención a la mujer que compartió la vida de este complicado y apasionante señor desde que ambos tenían veinte años. Se llamaba Alma Reville y trabajaba como montadora. Cuenta Donald Spoto en su biografía de Hitchcock que en medio de una tormenta feroz en el mar mientras que ambos se dirigían a Estados Unidos, cuando ella estaba vomitando hasta el alma en la cubierta, Hitchcock le declaró su amor, ofreciéndole un anillo y preguntándole si quería casarse con él. Lo hizo. No se separaron nunca. Sabíamos que él ejerció de mirón toda su vida, que estuvo obsesionado por un tipo determinado de hembra, que era altamente improbable que estas hermosas mujeres le otorgaran en el mejor de los casos algo más que respeto, admiración, simpatía o afecto, que lo hubiera dado todo por tener la pinta de Cary Grant, el actor al que dirigió en cuatro ocasiones memorables enamorando a esas mujeres que a él le volvían loco, que algunas de sus películas más perturbadoras y geniales debieron de nacer de un sentimiento de desdicha.

    El director Sacha Gervasi y el guionista John McLaughlin se acercan al retorcido universo de Hitchcock con notable talento e imagino que con más de una lógica licencia artística sobre lo que ocurrió en el rodaje de Psicosis. Por ejemplo, ignoran la leyenda de que Saul Bass, aquel maravilloso diseñador de títulos de crédito, dirigió la antológica secuencia de la ducha al ponerse enfermo Hitchcock. Pero lo que cuentan y lo que sugieren es tan atractivo como creíble, está muy bien contado, debió de parecerse mucho a la realidad.

    Cuentan cómo Hitchcock y Alma hipotecan su lujosa casa y su bienestar para inventarse una película en la que no cree casi nadie, en la que los productores, que se han enriquecido con los numerosos taquillazos del cine de este hombre, se niegan a financiar una película en la que su estrella femenina es asesinada a la media hora de proyección. Y el rodaje de esa obra maestra estará acompañado por el miedo del hombre gordo no solo a que su extraña criatura fracase, a no encontrar el tono y la claves para que esa tenebrosa historia enganche masivamente a los espectadores, sino también a que su muy comprensiva esposa deje de comprenderle, soportarle y amarle, a que su trabajo con un guionista que trata de estimular y dar crédito público a una mujer tan inteligente como creativa que siempre ha permanecido a la sombra de su famoso marido transforme una colaboración profesional en una relación de amor. Los celos, el terror a perder al eterno flotador de su tortuosa existencia, la tormentosa convivencia con sus demonios y sus obsesiones, la vulnerabilidad extrema del hombre que sabía demasiado, su alcoholismo y su compulsiva glotonería, está muy bien retratado.

    Me habían contado que Anthony Hopkins sobreactuaba dando vida a ese personaje que era excesivo en todo. Yo le encuentro perfecto. Y Helen Mirren, esa actriz siempre irreprochable, hace una creación sutil y magistral de la sufrida y sagaz Alma Reville, de lo complicado que debe ser pasar la vida al lado de alguien tan singular como atormentado, tan extraordinario en su arte como retorcido en su existencia. Sería lamentable que esta atractiva película solo encontrara eco entre los que mantenemos una fascinación inquebrantable por el cine de este hombre.

    “No había excusa para no desnudarme”

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    Denzel Washington llega por sexta vez a los Oscar con su interpretación en ‘El vuelo’ de un piloto drogadicto aunque con arranques heroicos

    “Umm, déjame que recuerde: en los ochenta, en los noventa, en la anterior década, en esta… Oye, con lograr otra candidatura en la siguiente, sería feliz”. Denzel Washington (Mount Vernon, Nueva York, 1954) se toca el labio y exagera en su pose reflexiva. Su Whip Whitaker de El vuelo, un piloto de aerolíneas comerciales inmerso en una bacanal de drogas, alcohol y sexo con azafatas, le ha reportado su sexta candidatura a los Oscar. “Ay, era uno de los jóvenes, luego de los de edad media, y ahora soy el mayor. Pero mientras repita…”. ¿Le ganará Daniel Day-Lewis con Lincoln? “Nunca sabes. Yo gané el Globo de Oro con Huracán Carter, y el Oscar se lo llevó Kevin Spacey con American beauty”. Por una vez enseña culo y pecho, él, que ha sido uno de los actores más pudorosos de Hollywood. “Ehhh, pues sí”. Y empieza a carcajearse, antes de la reflexión: “Esta vez no había excusa para no desnudarme. El personaje pedía que sacara chicha, que mostrara su dejadez. Aunque desnudo, desnudo… ¡Eso la chica!”.

    Con el tiempo, Washington, en persona un tipo risueño, ha acabado creando estupendos cabrones, personajes con colmillo. “No sé si los disfruto más que otros caracteres. A ver, es mi trabajo. Lo disfruto. Me encanta sumergirme en ellos. Probablemente el día más doloroso del rodaje [que tuvo lugar en tan solo 45 días en octubre y noviembre de 2011] fue en el que Whip entra en la casa de su exesposa y se encara con su hijo. Fue muy extraño: hablé con el chaval porque me quería pegar y le recordé que esta no era una película de boxeo, que la rabia debía expresarla con gestos y no con golpes. A eso me refiero con sumergirme: a encarnarlo. Otra cosa son las salidas de tono”.

    Pero Whip no es solo un adicto, sino también un piloto excepcional, que salva a casi todos los pasajeros en un avión que se deshace por segundos con una maniobra increíble… que incluye voltear la nave. “Nos dijeron que se podía hacer. Me explicaron el problema de las fuerzas y fluidos que mueven el aeroplano, y lo complicado de verdad es el giro final”. En Estados Unidos le achacan poco realismo no por la maniobra, sino por la cantidad de cocaína y alcohol que lleva encima cuando la realiza. “Ah, mira, hasta tanto ya no puedo confirmar. Mi realismo tiene un límite. Aunque Bob Zemeckis me aseguró que la cocaína haría que alguien pilotara más relajado y con coraje. ¿Te imaginas en la cola del avión y pensar: ¡qué c… hace el piloto que estamos volando boca abajo!?”.

    Tras tantos años en la industria, y resulta que Robert Zemeckis y Denzel Washington no habían cruzado sus pasos en la pantalla: “Es un gran piloto y un gran director. Tenía clarísimo que quería algo con oscuridad, con firmeza y a la vez que rodáramos rápido, con poco presupuesto. Porque el peso del personaje ya lo daba el guion. En fin, si algo he aprendido con los años, y sé que no soy original, es que nunca sabes qué va a pasar con las películas. Nunca”. ¿No tenía miedo de que Zemeckis, tras una década realizando filmes de animación, hubiera perdido el pulso? “No, porque una actuación es una actuación, y Tom Hanks es fundamental en Polar Express”.

    Denzel Washington, en Madrid. / BERNARDO PÉREZ

    Cuando vino hace justo 12 meses, Denzel Washington apuntó un par de datos sobre su carrera futura. Una, que tras su debut como director con Antwone Fisher (2002) y su segundo paso, The great debaters (2007), quería volver a dirigir, aunque lo veía complicado porque no encontraba financiación. “Pues la cosa ha mejorado y tengo claro que será en 2015. Sigo sin poder contar la historia porque aún no he cerrado por completo el presupuesto”. ¿No será una biografía sobre el pianista y compositor de jazz Thelonious Monk? “No, pero efectivamente, me encantaría encarnarlo en pantalla. Hay un guion dando vueltas por ahí. Y es el momento, porque en 2014 volveré al teatro, a Broadway, y en 2015 a la dirección”. La segunda es que siempre tiene presente un consejo de Sidney Poitier: “Si te das gratis de lunes a viernes, el fin de semana no pagarán por ti”. Justo lo contrario del Hollywood actual. “Efectivamente, demasiada publicidad es mala, al menos cierta clase de publicidad. Cuando eres joven, quieres salir en muchos medios. A mí me pasó, pero aún no vivíamos en la era de Internet. Y eso, amigo, ha cambiado las cosas”.