La maldición de Leonardo DiCaprio

La maldición de Leonardo DiCaprio

Pocos actores han conseguido tantos halagos y tan poco reconocimiento por parte de la Academia. Con «El renacido» lucha por obtener por fin el Oscar que se le resiste

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBI

La verdadera historia de «Black Mass», el despiadado mafioso que corrompió al FBIJames «Whitey» Bulge tras su arresto en 2011

Johnny Depp da vida a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir

Hasta poco antes de la muerte del primer y todopoderoso director del FBI, John Edgar Hoover, la prioridad de la agencia federal fueron los atracadores de bancos y los sospechosos de ser espías comunistas, pero los tiempos cambian y el crimen organizado adquirió un inconfundible acento italiano. La guerra contra la Cosa Nostra centró las prioridades del FBI hasta un punto obsesivo. Algunos agentes, sin embargo, entendieron el mensaje como un todo vale con tal de capturar a los mafiosos. John J. Connolly y John Morris, protagonistas de la historia más impía de la agencia, se aliaron con los cabecillas de la mafia irlandesa en una guerra sucia contra los italianos instalados en Boston.

Un irreconocible Johnny Depp da vida en la película «Black Mass» a Whitey Bulger, el gánster que conquistó el mundo bostoniano del narcotráfico y el juego ilegal con la ayuda del FBI. Durante casi tres décadas, nadie sospechó que el mafioso más peligroso y mitificado de la ciudad era en realidad un confidente con licencia federal para delinquir y una baraja interminable de cartas similares al clásico «quedas libre de la cárcel» del monopoly.

«Sin confidentes no somos nadie», afirmó Clarence M. Kelley tras ser nombrado nuevo director del FBI a raíz del fallecimiento de Hoover en 1972. El problema es que el precario manual para el trato con los confidentes no resolvía los problemas más básicos: ¿Cuánto debe tolerar un agente para obtener información? ¿Es aceptable negociar con un delincuente a cambio de información sobre otro delincuente? En estas y otras muchas preguntas, la directriz era clara: si es italiano se permite casi todo. O al menos eso entendió John J. Connolly, uno de los agentes más jóvenes de la prestigiosa Brigada Nacional contra el Crimen Organizado, que a su regreso en 1975 a la ciudad donde se había criado se encargó de contactar con el héroe de su infancia, Bulger, y su socio y contacto con la Costra Nostra, Stephen J. Flemmi «El fusilero», para ofrecerles un trato entonces bendecido por la dirección del FBI.

Bulger, el héroe irlandés convertido en un soplón

La propuesta de Connolly era sencillamente que, a cambio de informar sobre la Cosa Nostra, el FBI miraría a otro lado en los negocios sucios de Bulger, que se centraban en las apuestas ilegales y en el cobro de préstamos. «De acuerdo. Si ellos juegan a las damas, nosotros jugaremos al ajedrez», contestó el mafioso irlandés a la oferta del FBI, que había convencido a Bulger de que la Cosa Nostra no iba a tardar en borrar a su banda del mapa si no aceptaban la «alianza». No obstante, el acuerdo era en su origen completamente legal y prometía ser infranqueable: nadie en la ciudad podría pensar que el legendario irlandés fuera un soplón. Fue la relación viciada entre Connolly y su héroe de la infancia, Bulger, bajo cuya leyenda criminal se había criado en las calles de Southie, un antiguo barrio obrero de orígenes irlandeses, lo que complicó todo. Solo cinco semanas después de que se abriera el informe de confidente, el irlandés se anotó su primer asesinato como confidente sin que a Connolly pareciera importarle.

Este doble juego de Bulger fue posible debido en parte a que en el folklore local era una suerte de Robin Hood dedicado a la protección de las esencias de Southie y a terminar con los matones de poca monta. Un criminal a la vieja usanza que impedía el paso de las nuevas corrientes y del nocivo narcotráfico. Pero nada más lejos de la realidad: Bulger bebía poco y no tomaba drogas, despreciaba a los bebedores y odiaba a los drogadictos, lo cual no significaba que fuera hostil a su venta. El soplón irlandés permitía el tráfico de cocaína y heroína en su viejo barrio a cambio de una comisión por parte de los camellos. Su imagen de «un bueno entre los malos», no en vano, se veía flanqueada por la notoria carrera política de uno de los hermanos de Bulger (el otro era juez auxiliar en Boston), Billy Bulger, que en 1978 se convirtió en presidente del Senado de Massachusetts y tuvo una larga carrera política en paralelo a la senda criminal de Whitey. Las líneas familiares se mezclaban así de forma difusa con las profesionales y las criminales. De hecho, Connolly, Whitey Bulger y Billy Bulger se habían criado en el mismo edificio de protección oficial en Southie.

La relación entre el FBI y Bulger retrató el mal funcionamiento del programa de confidentes e implicó a numerosos agentes que habían mirado a otro lado o directamente habían asumido que ese era el precio de obtener información de primera; sin embargo, los principales responsables de que tuviera lugar algo así fueron ante todo Connolly y su supervisor John Morris, que terminaron infringiendo una larga lista de delitos con tal de proteger a los que pasaron a ser sus amigos. De este modo, Connolly se dedicó durante casi 20 años a boicotear todas las investigaciones abiertas contra la banda de Bulger y a inflar de elogios los informes sobre las bondades del gánster irlandés, así como a achacarle las informaciones de otros confidentes. El objetivo final era demostrar, como defendió Connolly durante años, que Whitey era uno de los mejores confidentes en la historia del FBI.

Su nivel, no en vano, era el de «confidente de máximo nivel», es decir, un infiltrado que suministra información secreta de primera mano sobre figuras destacadas del crimen organizado. Pero, ¿realmente era un confidente valioso?, ¿tenía información de primera mano?

Asedio a la Cosa Nostra

Como recoge la obra periodística «Black Mass» de Dick Lehr y Gerard O’Neill, la mayor parte de la información suministrada por Bulger contra la Cosa Nostra en realidad pertenecía a Flemmi -de padre italiano-, aunque Connolly se la atribuía una y otra vez al irlandés. Además, la mayor parte de los miembros de la Cosa Nostra a los que Bulger delató supusieron, una vez desaparecidos, una gran oportunidad de negocio para precisamente su banda. Como ejemplo de ello, en los años ochenta, Bulger facilitó los datos necesarios para que el FBI pudiera introducir una grabadora dentro del local de los hermanos Angiulo, los representantes de la Cosa Nostra en Boston, y así incriminarlos. La operación resultó un éxito y Connolly dejó a todos claro que las escuchas habían sido posibles gracias a Bulger y Frammi. Lo cual era cierto, pero también lo era que el irlandés tenía un gran número de negocios compartidos con los italianos y una gran deuda económica contraída con los hermanos Angiulo, que ya jamás cobrarían.

Una y otra vez las investigaciones de la Policía local y la Policía estatal fracasaron en su persecución a la banda irlandesa, que no dejaba de crecer en volumen de negocio. Bulger y Flemmi siempre estaban un paso por delante de la Policía y sabían con antelación si estaban siendo grabados. Los agentes del FBI Connolly y Morris se encargaban de informarlos al milímetro, lo cual a esas alturas hacían por simple amistad. La primera de las muchas cenas que celebraría los cuatro juntos en los siguientes años, donde algún otro agente del FBI también participó, tuvo lugar en la zona de Lexington en 1979. El intercambio de regalos, en muchos casos dinero, se convirtió en algo habitual en el grupo y, desde que Whitey se trasladó a una vivienda contigua a la de su hermano en South Boston, contaron con la presencia esporádica del presidente del Senado.

Ciertamente, la Cosa Nostra no levantó cabeza en Boston y sufrió tres durísimos golpes policiales casi consecutivos entre 1975 y 1989, pero el precio pagado por el viciado FBI fue demasiado alto. Bulger actuó y asesinó a sus anchas hasta alzarse como el miembro del hampa más importante de la ciudad, para desesperación de la DEA y otros grupos policías ignorantes del pacto secreto. No fue hasta mediados de 1995 -cuando ya Morris y Connolly no se encontraban en la primera línea del FBI– que pudieron sacar adelante un caso contra los criminales irlandeses en relación a la brigada de corredores de apuesta a los que cobraban una comisión. Mientras Bulger escapaba a tiempo para esconderse durante 15 años junto a una de sus novias en Santa Mónica, California, Frammi fue arrestado y, al contrario del resto de ocasiones, ni Morris ni Connolly acudieron esta vez en su auxilio.

A esas alturas Morris, cuyo matrimonio se había desmoronado y su adicción al vino incrementado, tenía problemas más grandes en los que pensar. Durante el juicio contra Flemmi y otros miembros de la banda a raíz de la trama de los corredores de apuestas, surgió la cuestión de si el dúo criminal había sido o no confidente del FBI, lo que paradójicamente podía anular algunas pruebas contra ellos pero amenazaba con proclamarlos unos chivatos a ojos de todo Boston. Un desquiciado Morris sin nada que perder se encargó de sacar a la luz todo, incluidas las irregularidades y la actuación impía del FBI, cuando testificó en el proceso. Morris insistió además en que el FBI no podía garantizar inmunidad a nadie por crímenes tan graves y, por tanto, su acuerdo con los dos mafiosos era un desastroso asunto particular.

El agente federal había cantado haciendo oídos sordos a las advertencias de Bulger, quien en octubre de 1995 llamó a la oficina de Morris en Virgina con un mensaje claro: «Si yo voy a la cárcel, tú también irás. Pienso llevarte conmigo hijo de puta». Esa misma noche, Morris sufrió un infarto, pese a lo cual sobrevivió para ver como el FBI de Boston quedaba arrasado por el mayor escándalo en la historia de la agencia federal.

Finalmente, Bulger -que fue arrestado en 2011- y Flemmi fueron acusados de participar en 21 asesinatos, once de ellos perpetrados mientras eran confidentes del FBI, a causa de lo cual, y de otros muchos delitos, pasarán probablemente el resto de su vida en la cárcel. Por su parte, Connolly y Morris fueron acusados, entre otros crímenes, de aceptar sobornos, de obstrucción a la justicia, de revelar de forma ilegal información confidencial y de falsificar informes oficiales. En 2008, el exagente del FBI Connolly, asimismo, fue condenado a cuarenta años de prisión por homicidio impremeditado en el asesinato de Callahan, un contable de Boston que se había interpuesto en el camino de los cuatro amigos criminales.

El cirujano plástico de Gadafi

El médico brasileño Liacyr Ribeiro recuerda cuando se vio obligado a operar al exdictador

Río de Janeiro
Gadafi

Muamar el Gadafi, en octubre de 2009. / SABRI ELMHEDWI (EFE)

Liacyr Ribeiro pensó que aquella invitación al primer Congreso Árabe de Cirugía Plástica (Trípoli, 1994) sería como tantas otras. “Fui a hablar de mamas”, cuenta ahora este médico de 73 años, en su prestigiosa clínica del barrio carioca de Botafogo, tras despedirse de una joven que ha ido a informarse con su madre sobre “prótesis glúteas”. El segundo día del congreso, el anfitrión le preguntó si podía examinar a un amigo y se vio, de repente, en un coche conducido por el entonces ministro de Salud libio (también cirujano plástico), recorriendo “caminos muy extraños, cruzando barreras, todo con mucho secretismo”. El paciente era Muamar El Gadafi, líder absoluto de la revolución socialista libia desde 1969. “Me dijo: ‘Usted me tiene que operar’. Tenían mucha prisa. Y yo no sabía qué me iba a pasar”.

Aunque tuvo un buen recimiento, Ribeiro aún recuerda el miedo que experimentó el primer día: “¡Era el dueño del país, podían hacer conmigo lo que quisieran!”. El cirujano describe a Gadafi como una persona educada, inteligente y simpática, que sabía absolutamente todo de cirugía plástica. “Me impresionó. Pero claro, nadie hace una revolución con 27 años”.

El coronel quería operarse inmediatamente, pero el doctor le explicó con la mayor amabilidad que “las cosas no se hacen así”. Ribeiro regresó a Río de Janeiro, recogió el instrumental y volvió a Libia con sus asistentes semanas después. “Había algo desagradable en operar a alguien así: si algo se tuerce, ¿saldré vivo de ahí? Existen varias historias sobre cirujanos de reyes a los que han matado después de la operación, para que no trascienda”, recuerda el médico.

El hospital estaba construido en un búnker subterráneo. “El quirófano era mejor que muchos de los que yo he conocido por el mundo”, afirma Ribeiro. Bien equipado, con material alemán, el lugar no acogía a un solo trabajador libio. “Los anestesistas, los auxiliares, las enfermeras, todos eran extranjeros”.

La intervención fue realizada con anestesia local, ya que “Gadafi tenía pánico a quedar dormido y que le desconectaran”. Por motivos “éticos”, el doctor no puede revelar el tipo de cirugía que le practicó en el rostro al dictador, pero Ribeiro afirma que quería “rejuvenecer”. El último día del posoperatorio un funcionario le entregó un sobre lleno de francos suizos con el que “se podía comprar un coche”. Gadafi debió de quedar contento, ya que hace unos años, poco antes de su derrocamiento y muerte, le volvieron a llamar. “Pero ahí ya no tenía ganas, puse una excusa”.

Con la autoridad que le otorga la experiencia —Ribeiro es discípulo de Ivo Pitanguy, fundador de la cirugía estética en Brasil, país líder de la disciplina en el mundo, y fue presidente de la Sociedad Brasileña de Cirugía Plástica—, el doctor afirma que el aumento de cirujanos plásticos que ha habido en los últimos años puede tener un lado negativo: “Un advenedizo puede poner narices enanas a caras grandes o pechos de 500 mililitros a un cuerpo pequeño. Esta inflación no ha sido buena: mucha gente mira sólo el dinero. Los senos, el abdomen o la liposucción se pueden ocultar, pero la cara no. Y ahí hay muchos desastres”, por eso Gadafi recurrió a él.

El cirujano da tres motivos para justificar que Brasil sea el país que más se retoca del mundo: “Primero, la vanidad de la mujer brasileña. Segundo, la ausencia de secretismo que permite a la brasileña alardear de sus nuevos pechos en la sala de espera. Tercero, el precio”.

Su maestro Pitanguy asegura que la mujer brasileña siempre fue “culona y poco tetona”, pero que ahora ha cambiado de gustos. Según Ribeiro, esto se explica por la globalización. “Antes venían a quitarse tejido mamario, ahora vienen a ponerse prótesis. Cambió la cultura: quieren todo grande”.

De Silvio Berlusconi (otro de sus clientes) no quiere hablar, “porque está vivo y en activo”, pero sí aclara que le operó “antes de ser presidente” y que “luego le han operado dos veces más”. “Un tipo muy tranquilo”, apostilla después. Después se ríe: “Lamentablemente, no me invitó jamás a ninguna de sus fiestas”.

El atleta que voló de Londres a Australia facturado como una mercancía

 

Reginald Spiers se envió a sí mismo en una caja de embalaje por falta de dinero para un billete

El atleta que voló de Londres a Australia facturado como una mercancía

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Reginald Spiers, con su mujer y su hija en 1964

Reginald Spiers se vio en 1964 en Londres y sin dinero. El atleta, que tenía por aquel entonces 22 años, quería volver a su casa en Australia y no se le ocurrió mejor idea que la de facturarse a sí mismo como mercancía en una caja con una etiqueta que decía «emulsión de polímero sintético».

«Conseguí una caja y ya. ¿A qué debía tener miedo? No me asusta la oscuridad, así que simplemente me senté dentro», cuenta Spiers medio siglo después a la BBC. «Fue como un viaje al otro lado del océano. Tienes el asiento. Te sientas y vas».

Solo que no fue tan cómodo. Spiers pasó 63 horas metido en el cajón, según manifestó él mismo por aquel entonces al diario «Sydney Sun», que dio a conocer su historia.

El joven lanzador de jabalina, que se encontraba en el Reino Unido recuperándose de una lesión, no había sido incluido en el equipo olímpico australiano que iba a participar en los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, así que decidió volver a casa. Sin bastante dinero para el regreso y desesperado por llegar a tiempo para el cumpleaños de su hija, se hizo facturar en un cajón de madera desde Londres a Perth y después hasta Adelaida.

El embalaje fue llevado al aeropuerto de Londres por un amigo y facturado a bordo de un avión de Air India el 18 de octubre de 1964. ABC dio cuenta tal día como hoy de aquel año de este «insólito viaje de un atleta sin dinero» que alarmó a la Dirección de Aduanas de Australia y a las líneas aéreas.

«Como había trabajado en la sección de carga de exportación (del aeropuerto) sabía del envío de mercancías. Había visto a animales viajar así todo el tiempo, así que pensé que si ellos podían hacerlo, yo también podía», señala Spiers a la BBC. El joven también conocía cuál era el tamaño máximo de la caja a enviar por aire y convenció a su amigo John McSorley para que construyera una caja de 1,5 metros de largo, 0,9 de alto y 0,75 de ancho para enviarse a sí mismo a su país.

El embalaje le permitía al atleta sentarse con las piernas estiradas o tumbarse con las rodillas en alto. Viajó atado con correas, para no moverse al ser cargado o descargado por los operadores. Dentro llevaba algo de comida enlatada, una linterna, una manta y una almohada y dos botellas, una para agua y otra para la orina.

Según relata la BBC, durante el vuelo podía desatarse y salir de la caja gracias a un sistema de listones con el que podía abrir las tapas desde dentro, lo que hacía más llevadero su viaje de «paquete».

Cuando llegó a Perth tres días después, su caja fue descargada en un almacén. «Había varias herramientas allí (en el almacén), así que hice un agujero en la pared y salí», relata a la BBC antes de proseguir: «No había seguridad. Me vestí un traje que llevaba en mi bolsa. Tenía buen aspecto. Salté por la ventana y caminé. Después hice autoestop para llegar a la ciudad. Fue así de simple».

Hoy su viaje sería imposible ya que toda la carga pasa por escáneres que revelarían si una persona viaja oculta en alguna caja.

Spiers fue arrestado en Sri Lanka en 1984 y condenado a muerte por delitos de drogas, aunque apeló y finalmente cumplió cinco años de cárcel en Australia.

¿Quién asesinó al sangriento dictador Josef Stalin?

En sus memorias, Nikita Jrushchov afirma que Beria, jefe de la policía y el servicio secreto, confesó a los líderes soviéticos: «Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos». La causa oficial sigue siendo un ataque cerebrovascular, pese a los muchos interrogantes en torno a sus últimos días

¿Quién asesinó al sangriento dictador Josef Stalin?

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Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Josef Stalin en Yalta, febrero de 1945

La noche del 28 de febrero de 1953, Josef Stalin celebró una reunión en Kúntsevo con su círculo de hombres de confianza. En dicho encuentro los invitados vieron una película y se retiraron a altas horas de la madrugada, cuando Stalin se fue a dormir. No obstante, según una versión no oficial, el sangriento dictador se retiró luego de discutir gravemente con dos de sus seguidores, Lázar Kaganóvich y Voroshílov. Al día siguiente, Stalin no salió de su cuarto y no llamó ni a los criados ni a los guardias. Nadie se atrevió a entrar en su habitación hasta que, sobre las diez de la noche, su mayordomo forzó la puerta y lo encontró tendido en el suelo, vestido con la ropa que llevaba la noche anterior y sin apenas poder hablar. El dictador había sufrido un ataque cerebrovascular que, tras unos días de agonía, le causó la muerte el 5 de marzo. Al menos así reza la teoría oficial, sobre la que rondan innumerables incógnitas y la sospecha del asesinato.

«El miedo y el odio contra el viejo tirano casi podían olerse en el aire», escribió el embajador americano sobre los últimos meses de vida del que fue durante más de 30 años Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética. El ascenso al poder de Josef Stalin se caracterizó por los brutales métodos empleados contra cualquier persona crítica con su figura. Poco tiempo antes de fallecer, el propio Lenin hizo un llamamiento para frenar al «brusco» Stalin, que terminó elevado, posiblemente, al genocida más sangriento de la historia.

La salud y la memoria de Stalin fallan

Con millones de muertos a su espalda y terminada la II Guerra Mundial, la salud de Stalin empezó a declinar a partir de 1950, cuando la Guerra Fría iba tomando su forma más característica. Durante su vida, Stalin había padecido numerosos problemas médicos. Nació con sindactilia (la fusión congénita de dos o más dedos entre sí) en su pie izquierdo. A los 7 años padeció la viruela, que le dejó cicatrices en el rostro durante toda su vida. Con 12 años tuvo un accidente con un carro de caballos, sufriendo una rotura en el brazo, que le dejó secuelas permanentes. A todo ello había que añadir que su madre y él fueron maltratados a manos de su padre. Siendo adulto, Stalin además padeció de psoriasis (una enfermedad de la piel que causa descamación e inflamación).

A los 70 años de edad, su memoria comenzó a fallar, se agotaba fácilmente y su estado físico empezó a decaer. Vladímir Vinográdov, su médico personal, le diagnosticó una hipertensión aguda e inició un tratamiento a base de pastillas e inyecciones. A su vez, recomendó al dirigente comunista que redujese sus funciones en el gobierno. Pero apreciando una conspiración, Stalin se negó a tomar medicinas y despidió a Vinográdov. Su desconfianza, sobre todo contra los médicos, se incrementó en los siguientes años. Una nueva purga política amenazaba con brotar del ya ensangrentado panorama ruso.

¿Quién asesinó al sangriento dictador Josef Stalin?

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Stalin a los 23 años de edad

Sus problemas de salud, de hecho, coincidieron con uno de los pocos reveses políticos que sufrió durante su rígida dirección del Partido Comunista. Pocos meses antes de su muerte, en octubre de 1952, se celebró el XIX Congreso del PCUS, donde Stalin dejó entrever sus deseos de no intervenir militarmente fuera de sus fronteras. Frente a esta opinión, Gueorgui Malenkov –colaborador íntimo del dictador y Presidente del Consejo de Ministros de la URSS a su muerte– hizo un discurso en el cual reafirmó que para la URSS era vital estar presente en todos los conflictos internacionales apoyando las revoluciones socialistas, lo que después sería una constante de la Guerra Fría. Como un hecho inédito tras décadas de un férreo marcaje, el Congreso apoyó las intenciones de Malenkov y no las de Stalin.

Fue entonces cuando Stalin se decidió a reanudar sus purgas. Lo hizo motivado por el pequeño tropiezo político y alertado por una carta de la doctora Lidia Timashuk, una especialista del Policlínico del Kremlin, que acusaba a su antiguo médico, Vinográdov, y a otros ocho médicos de origen judío de estar recetando tratamientos inadecuados a altos mandos del Partido y del Ejército, a fin de acabar con sus vidas. Sin esperar a recibir ninguna otra prueba, Stalin ordenó el arresto de los nueve médicos y aprobó que fuesen torturados hasta confesar en lo que fue bautizado como «el Complot de los médicos». La persecución afectó en total a 37 doctores de todo el país, 17 de ellos judíos, mientras que la paranoia anti-semita se extendió entre el pueblo. A finales de enero de 1953 su secretario privado desapareció sin dejar rastro. Y poco después, el 15 de febrero, el jefe de sus guardaespaldas fue ejecutado bajo extrañas circunstancias.

Conocedores del régimen de extremo terror impuesto por Stalin en el pasado, entre los miembros más veteranos del Politburó (el máximo órgano ejecutivo) corrió el miedo a que una nueva purga estuviera en ciernes. Solo la muerte de Stalin en marzo pudo frenar la escalada de muertes que había empezado tras el congreso de octubre. Precisamente por este clima de desconfianza, aunque la causa oficial de la muerte fue un ataque cerebrovascular, la sospecha del asesinato ha perseguido el suceso hasta la actualidad.

Lavrenti Beria, la posible mano ejecutora

Una vez descubierto al dictador tendido sobre el suelo de su habitación, su hombre más fiel entre los fieles, Lavrenti Beria, fue el primero en asistirle, pero lo hizo con cierta parsimonia. No convocó a los doctores hasta pasadas 24 horas del ataque. Ya fuera por la antipatía de Stalin hacia los médicos (los del Kremlin estaban presos) o por el poco empeño que tenían sus hombres en que saliera vivo de aquella situación, la agonía de Stalin se alargó varios días más sin que ninguno de los cirujanos se atreviera a intervenirle o a proponer algún tratamiento específico. Según el testimonio de su hija Svetlana Alliluyeva, en ocasiones el dictador abría los ojos y miraba furibundamente a quienes lo rodeaban, entre los que estaba Beria –jefe de la policía y el servicio secreto (NKVD)–, quien le cogía de la mano y le suplicaba que se recuperase, pero cuando volvía a desvanecerse lo insultaba y le deseaba una dolorosa muerte.

¿Quién asesinó al sangriento dictador Josef Stalin?

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Josef Stalin en 1949

El día 4 de marzo pareció por un momento que estaba recuperándose y una enfermera comenzó a darle de beber leche con una cuchara. En ese instante, sufrió un nuevo ataque y entró en coma. Los médicos que atendían a Stalin le practicaron reanimación cardiopulmonar en las diversas ocasiones en que se le detuvo el corazón, hasta que finalmente a las 22:10 del día 5 de marzo no consiguieron reanimarlo. Los enfermeros siguieron esforzándose hasta que su sucesor, Jrushchov, dijo: «Basta, por favor… ¿No ves que está muerto?». No en vano, 90 minutos antes de su último aliento, a las 20:40, representantes del Comité Central del PCUS, el gobierno y la presidencia del parlamento habían celebrado una reunión conjunta para decidir la sucesión del dirigente comunista. Había demasiada prisa por enterrarlo y cerrar su sucesión como para esperar a que estuviera definitivamente muerte.

El primero en propagar la teoría del envenenamiento fue su alcoholizado hijo Vasily, que desde el principio denunció las negligencias médicas que rodearon la muerte de su padre. Sin embargo, el máximo sospechoso, más allá de los médicos a los que el propio Stalin acusó de conspiradores, siempre ha sido Beria. Según las memorias de Nikita Jrushchov, que se alzó como el líder principal del país e inició un proceso de desestalinización, Beria llegó a confesar ante el Politburó: «Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos». Ciertamente, si alguien podía frenar los planes de purga del dictador ese era el jefe de la policía y el NKVD. Un día después de la muerte de Stalin, Beria puso fin a la investigación del «Complot de Médicos», junto al reconocimiento de que las acusaciones habían sido inventadas.

La apertura de Cuba ha comenzado: Paris Hilton y Naomi Campbell ya están allí

Las celebrities asistieron a la cena de gala que cerró el XVII Festival Internacional del Habano, donde se fotografiaron con los hijos de Fidel Castro

efe
Paris Hilton se hace un «selfie» con Alejandro Castro (d), hijo del líder cubano Fidel Castro

Las famosas modelos Naomi Campbell y Paris Hilton, heredera del imperio hotelero de su apellido, pusieron este viernes el toque de glamour a la tradicional cena de gala que cerró el XVII Festival Internacional del Habano en la capital cubana. La cena que clausuró la fiesta de los puros habanos atrajo a más de 1.000 comensales en los salones del recinto ferial «Pabexpo», situado en la zona oeste de La Habana, donde también tuvo lugar una subasta de lujosos cajones para guardar las exclusivas marcas de tabacos cubanos torcidos totalmente a mano. En el Festival, que comenzó a principios de esta semana, se dieron cita más de 1.600 distribuidores, productores, coleccionistas, artistas y amantes de los puros habanos de 60 países.

En esta última jornada del evento, organizado por la empresa mixta Habanos S.A., fueron anunciados los ganadores de los concursos Habanosommelier y de la ceniza más larga, celebrados como parte del programa que también incluyó el lanzamiento de nuevas vitolas, visitas a plantaciones de tabaco, seminarios y una feria comercial.

Una de las novedades de esta edición fue la presentación de la vitola especial de la marca «Montecristo» en una edición conmemorativa por el 80 aniversario, que contó con una producción única de 30.000 cajas, cada una con 20 ejemplares de puros habanos. Además se estrenó la primera Gran reserva de «Romeo y Julieta», una vitola en su versión «Wide Churchills», confeccionada a partir de un largo y cuidadoso proceso de envejecimiento de cinco años, que tuvo una tirada de 500 cajones numerados.

Habanos, S.A. es una empresa mixta, propiedad a partes iguales de la estatal «Tabacuba» y la entidad española perteneciente al grupo inglés Imperial Tobacco Group PLC, que comercializa todas las marcas de puros hechos totalmente a mano en Cuba. Como líder del tabaco «premium», la corporación comercializa 27 marcas, entre ellas «Cohíba», «Montecristo», «Romeo y Julieta» y «Partagás», las más demandadas en 150 mercados distribuidos por África, Asia, África, América y Europa

Vuelve la Mata Hari de Putin

Por: Javier Valenzuela |

Anna.Chapman.Pasarela.Junio2012
Anna Chapman, la indiscutible Mata Hari de lo que llevamos de siglo XXI, vuelve a la actualidad en este mes de junio. Como siempre, en las resbaladizas fronteras entre los mundos del espionaje, el sexo y el glamour.

A mediados de este mes, The Sunday Times, Univision y otros medios dieron cuenta de que la exespía rusa, de 30 años de edad, había desfilado en una pasarela de moda de Turquía, guapísima y flanqueada por dos tipos vestidos de negro y con gafas oscuras que inevitablemente evocaban guardaespaldas de opereta.

Vladimir-PutinAhora, la revista alemana Focus y el diario inglés The Telegraph informan de la reciente detención en La Haya (Holanda) de un nuevo miembro de la red de espías rusos a la que pertenecía Chapman. Se trataría de un diplomático holandés de 60 años de edad llamado Raymond P., que habría facilitado a Moscú unos 450 documentos confidenciales. Raymond P. habría sido desenmascarado por el servicio de contraespionaje alemán. Según The Voice of Rusia, el portavoz de Chapman, Alexander Kosterin, ha declarado que la exespía no desea comentar estos asuntos.

Pero el plato más fuerte del regreso de Chapman a la actualidad es el largo reportaje que, bajo la firma de Vincent Jauvert, le consagra esta semana el semanario progresista francés Le Nouvel Observateur (Sexe, internet et FBI : dix espions russes autour d’Obama). Los diez James Bond del Kremlin entre los que se contaba Chapman habrían sido arrestados por el FBI cuando estaban a punto de infiltrarse en círculos próximos a Obama, informa Jauvert.

Anna,Chapman.EspiaRusa.MaximEl periodista arranca su reportaje llamando al pan pan y al vino vino: “Ella (Chapman) era una especie de prostituta de lujo al servicio del espionaje del Kremlin”. Joven, pelirroja, atractiva y políglota, Chapman, hija de un oficial del antiguo KGB, obtenía la mayor parte de sus informaciones en la cama. Vivía en Nueva York y se declaraba mujer de negocios, propietaria de una empresa en Internet de alquiler de apartamentos. Esa impostura ocultaba su trabajo como agente del SVR, el sucesor ruso del KGB soviético, y le permitía llevar una intensa vida social en los restaurantes y discotecas de moda de la Gran Manzana.

Como los otros nueve miembros de su red, Chapman no tenía cobertura oficial, esto es, no se hacía pasar por diplomática o funcionaria de la embajada o los consulados rusos en Estados Unidos.  Estos agentes del SVR vivían clandestinamente, con identidades, nacionalidades y profesiones ficticias. Todos fueron detenidos por el FBI en junio de 2010 e intercambiados poco después en Viena por miembros o colaboradores de la CIA y el MI6 capturados en Rusia.

Y es que, según informa Jauvert, Estados Unidos tenía un topo bien colocado en el SVR, un coronel llamado Alexandre Poteiev. Tras desenmascarar  a la red de Chapman y compañía, Poteiev fue sacado subrepticiamente de Rusia e instalado en Estados Unidos, donde vive bajo una falsa identidad. Un tribunal militar moscovita le condenó en junio de 2011 por traición, después de que la mismísima Chapman testificara en su contra en el juicio. Putin declararía después: “Los traidores siempre acaban mal, en un arroyo”. El seguro de vida de Poteiev debe salir muy caro.

Deception.EdwardLucasEn cuanto a Chapman, convertida en una heroína nacional rusa, volvió a conseguir protagonismo en la prensa internacional en octubre de 2010, al posar, en lencería y pendientes de diamantes, en la edición rusa de la revista Maxim con una pistola Beretta en la mano. Luego hizo programas de televisión, se puso al frente de una revista sobre emprendedores rusos, apoyó la candidatura de Putin a las últimas presidenciales y, hace unos días, desfiló en una pasarela turca.

Chapman sigue, y seguirá, dando que hablar. Pilar Bonet informó en EL PAÍS el pasado abril de que nuevas revelaciones indicarían que había fracasado en su intento de seducir a un hombre próximo a Obama, aunque cada vez se iba acercando más a ese objetivo. Y sus peripecias y la de sus compañeros de red son el objeto de un libro recién publicado: Deception, de Edward Lucas. Según la reseña de The Moscow Times de esa obra, Lucas “va más allá de la imagen de Chapman como una chica Bond de cómic en la era de la telerrealidad, para identificar un fenómeno más sucio y siniestro”. La tesis de Deception es que Putin y la clase burocrático-empresarial que rige autoritariamente la Rusia de hoy “necesitan y mantienen la máquina del espionaje para su propia supervivencia”.

Entretanto, Chapman vive muy bien en Moscú, por donde circula en un Porsche Cayenne negro.

Google crea un avanzadísimo cerebro artificial y este decide buscar gatos en Internet

Un gato

Los gatos, grandes estrellas de Internet. (GTres)

 

  • El cerebro artificial pretende recrear el funcionamiento de la mente humana.
  • La compañía ha conectado 16.000 procesadores, creando una de las mayores redes neurales del mundo con más de 1.000 millones de conexiones.
  • Cuando Google lo puso a funcionar, el cerebro decidió buscar gatos.

EP.

Sin duda, las gatos son tremendamente populares en Internet. Seguramente en el futuro, algún científico estudiará el porqué de esa obsesión del internauta por los felinos. En cualquier caso, resulta lógico pensar que una inteligencia artificial muy avanzada, casi humana, haría algo parecido.

Google, a través de su Laboratorio X —de donde han salido proyectos como los coches autónomos y Project Glass, las gafas de realidad aumentada de la compañía— lleva experimentando desde hace años con un cerebro artificial que pretende recrear el funcionamiento de la mente humana.

El cerebro decidió buscar fotos y vídeos de gatos entre 10.000 millones de imágenes extraídas YouTube La compañía ha conectado 16.000 procesadores, creando una de las mayores redes neurales del mundo con más de 1.000 millones de conexiones. Después, los investigadores de Google pusieron a este “cerebro” a analizar contenidos, para que buscase y aprendiese por su cuenta.

Este cerebro decidió buscar fotos y vídeos de gatos entre 10.000 millones de imágenes extraídas YouTube. Al parecer, el principal motivo que le llevó a dedicar sus esfuerzos a la búsqueda de imágenes de gatos es la gran cantidad de este material y la gran interacción que produce en Internet.

Los investigadores reconocen estar sorprendidos por los resultados de la investigación, no tanto por la temática de las búsquedas, sino por la gran precisión que ha alcanzado la máquina, doblando su capacidad de acierto entre una lista de 20.000 categorías diferentes. Presentarán los resultados de la investigación esta semana en una conferencia en Edimburgo, en Escocia.

La investigación representa una nueva generación para la ciencia computacional que está explotando la caída de costes y la disponibilidad del gran número de ordenadores disponibles en centros de datos. Este proyecto saldrá ahora del Laboratorio X y se trasladarán los mecanismos de inteligencia artificial a productos como la búsqueda de imágenes, el reconocimiento de voz y la traducción.

“Esto es lo más importante en el campo de reconocimiento de discurso estos días”, ha opinado Yann LeCun, científico especializado en el aprendizaje de las máquinas en la Universidad de Nueva York.

Niña de 6 años detenida y esposada por una rabieta

Por: Cecilia Jan

Los periodistas nos encontramos, repasando teletipos o prensa extranjera, muchas noticias curiosas o sorprendentes que a veces no se dan en los medios de comunicación en los que trabajamos. Una de ellas, que se conoció ayer, me parece indignante. En resumen, una niña de seis años en Georgia (EE UU) tiene una rabieta en el cole, se pone a destrozar cosas, la escuela llama ¡a la policía! que la esposa, manos a la espalda, y se la lleva a la comisaría en un coche patrulla. Eso sí, no han presentado cargos “porque es muy pequeña”. Menos mal. Pero la han expulsado de la escuela, a la que no podrá volver hasta agosto.

Los compañeros de Associated Press que dan la noticia cuentan que activistas de derechos humanos y expertos en derecho penal en Estados Unidos alertan de que cada vez es más frecuente que profesores o directores frustrados llamen a la policía por incidentes menores con alumnos. Políticas de tolerancia cero, intentos desesperados de llamar la atención a padres pasotas o la creciente presencia policial en zonas escolares en las últimas décadas tras matanzas como la del Instituto Colombine contribuyen a estas situaciones absurdas, que el reciente caso de Salecia Johnson ha vuelto a sacar a la palestra.

Salecia Johnson (AP)Los hechos se projeron el viernes en Milledgeville, una ciudad de 18.000 habitantes a unos 145 kilómetros de Atlanta al que pertenece la escuela elemental Creekside. El distrito escolar ha asegurado en un comunicado que la alumna empujó a compañeros, huyó del personal de la escuela, golpeó sillas, pintó en las paredes e incluso hirió a un responsable del colegio al tirar una pequeña estantería, en una conducta “violenta y perturbadora”. Aun siendo todo esto cierto, ¿qué tipo de escuela es y qué tipo de profesionales trabajan ahí que no son capaces de controlar una situación así por sí mismos? Puede que estuviera justificado con una adolescente de 1,70 metros, pero con una niña de 6 años…

“Los niños están siendo detenidos por ser niños”, denuncia Shannon Kennedy, una abogada de derechos humanos que ha demandado al distrito de Albuquerque (Nuevo México), donde cientos de niños han sido arrestados en los últimos años por cosas como usar teléfonos móviles en clase, eructar, negarse a cambiar de sitio, romper un libro o inflar un condón.

“El Departamento de Policía de Milledgeville fue llamado para ayudar en última instancia debido a los problemas de seguridad para la estudiante, para el resto de compañeros de clase y para el personal de la escuela”, se han justificado las autoridades educativas. Mientras, el jefe interino de la policía, Dray Swicord, ha explicado que la política del departamento es esposar a la gente que llevan a comisaría, independientemente de su edad, “por su seguridad y por la de los agentes”. Nadie ha pedido disculpas a la familia.

La policía niega que la niña fuera llevada a una celda, como asegura Candace Ruff, la tía de Salecia, que acompañó a la madre a recogerla. La pequeña decía que “le dolían las muñecas” porque las esposas “estaban muy apretadas”. “Estaba tan conmocionada cuando fuimos a recogerla…”, relata. La policía dice que la llevaron a la sala de la brigada y que le ofrecieron un refresco mientras venía su familia.

Mientras el sindicato de profesores de Albuquerque insiste en que el comportamiento de los alumnos es cada vez peor estos dias, el senador de Texas John Whitmire ha puesto un poco de cordura, al recordar que profesores y policías deben distinguir entre los estudiantes a los que temen (porque llevan armas o drogas, por ejemplo) de aquellos con los que están enfadados. “No hay que hacer de eso un crimen”. Y es los profesores no se dan cuenta de que solicitar la intervención de la policía para resolver un incidente escolar puede tener como consecuencia que se presenten cargos contra el menor.

El antiguo jefe de policía de Charlotte (Carolina del Norte) y director ejecutivo de la Asociación de Jefes de Grandes Ciudades Darrel Stephens admite cierta preocupación por que “los colegios dependen un poco excesivamente de los agentes de policía para resolver problemas disciplinarios”.

La madre de Salecia, Constance Ruff, que cree que no se trata por igual a todos los alumnos, ha explicado que su hija “tiene cambios de humor algunos días”, como todo el mundo. “Creo que sólo era uno de sus días malos”. Y añade: “No queremos que le pase a otros niños. Es devastador”.

Una entrevista antes de morir

China retira un programa de gran éxito que interrogaba a condenados a muerte

Captura del documental ‘Dead men talking’

Durante cinco años, el Canal Legal de la provincia de Henan —una de las 3.000 estaciones de televisión pertenecientes al Estado que existen en China— ha emitido un programa semanal llamado Entrevistas antes de la ejecución, que fue puesto en marcha con el objetivo de educar a la población y terminó por convertirse en un éxito, con una audiencia de unos 40 millones de telespectadores. La semana pasada fue retirado, según algunas informaciones locales por el malestar que ha provocado en las autoridades la repercusión que han tenido en la prensa internacional el propio programa y un documental realizado a partir de él por una productora china para la cadena de televisión británica BBC y la estadounidense PBS.

Su presentadora, Ding Yu, una periodista con el estilo clásico que domina las pantallas en China, se ha convertido en una celebridad en Henan, donde ha llegado a ser llamada “la bella con las bestias”. Ding y su equipo han entrevistado a más de 200 condenados a muerte, en muchos casos en los minutos previos a recibir la inyección letal o un tiro en la nuca, los dos métodos habitualmente empleados en el país asiático para aplicar la pena capital.

Entrevistas antes de la ejecución era emitido los sábados por la noche en esta provincia, donde casi la mitad de sus 94 millones de habitantes se sentaba delante del televisor para verlo. Algunos de sus capítulos se podían encontrar también en Internet. Se centraba en casos violentos, nunca políticos o en los que la autoría del crimen estaba en cuestión.

Cada una de las emisiones, que duraba una hora, precisó la autorización previa de las autoridades judiciales, que escogían siempre aquellos casos que consideraban más adecuados para promover el efecto disuasorio de la pena de muerte e instruir a la gente sobre las consecuencias de tomar el camino equivocado. Henan es la provincia más poblada de China y una de las más pobres.

Su presentadora es una celebridad y ya la llaman “la bella con las bestias”

El programa, moralizante, en algunas ocasiones morboso e incluso voyerista con los condenados —que hablaban esposados y con grilletes en los tobillos—, es defendido por sus realizadores. “La intención es evitar que otra gente repita sus errores”, asegura uno de sus responsables en el documental de la BBC, emitido el lunes pasado y que se puede ver en Internet en Reino Unido.

Ding Yu niega que se aprovecharan de los sentenciados a muerte como puede parecer a ojos occidentales. “Algunos telespectadores pueden considerar cruel preguntarle a un criminal que dé una entrevista cuando va a ser ejecutado”, dice Ding. “Todo lo contrario. Quieren ser escuchados. Algunos criminales que entrevisté me dijeron: ‘Estoy realmente contento. Le he dicho a usted tantas cosas que tenía en mi corazón. En la cárcel, nunca hubo alguien a quien deseara hablarle sobre aquellos acontecimientos”. La periodista afirma que si la gente no hace caso de las advertencias del programa, entonces es correcto que tengan que afrontar las consecuencias. “Lo siento y lo lamento mucho por ellos. Pero no simpatizo con ellos, puesto que deben pagar un precio alto por su maldad. Lo merecen”.

Entre los crímenes recogidos, están el de un hombre que asesinó a su exesposa porque “aún la amaba”, el de una mujer que quemó a su marido tras sufrir años de violencia doméstica y el de un homosexual que mató a su madre y fue paseado por las calles en un camión con un cartel alrededor del cuello que detallaba su crimen, camino de la ejecución en noviembre de 2008, a pesar de que la práctica es ilegal. Algunos condenados tenían solo 18 años.

La mitad de la provincia donde se emitía, 40 millones de personas, lo veía

Ding y su equipo tenían que trabajar rápido para preparar cada capítulo, ya que los presos pueden ser ejecutados en menos de una semana tras ser sentenciados. En China no hay presunción de inocencia y las confesiones son extraídas a veces antes de que el acusado tenga acceso a un abogado, en algunos casos por medio de la tortura, según defensores de los derechos humanos.

China es el país que más personas envía al patíbulo en el mundo: varios miles cada año, según la organización Amnistía Internacional, que, sin embargo, no publica una cifra exacta, ya que el Gobierno la considera un secreto de Estado. Pekín contempla la pena capital para un total de 55 delitos, entre ellos asesinato, traición, soborno y contrabando.